Dolores Delgado, alma de fiscal

La exministra de Justicia pasó el examen del Congreso tras un debate bronco 

Dolores Delgado, alma de fiscal

Fernando Alvarado

Patricia Rosety
@patriciarosety

Jefa de Tribunales

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 02:32

Se esperaba lío. Estaba preparada para el chaparrón que le podía caer. Y le cayó. Pero no le importó. Antes de que le preguntasen lo quiso dejar claro. Dolores Delgado dio en el Congreso un repaso a sus treinta años como fiscal. Habló de su “alma de fiscal”. Considera que le avala su trabajo, desde los despachos y desde la trinchera. Le gusta mucho decir que es “fiscal de trinchera”, así se presentó en el Ministerio de Justicia el 7 de junio de 2018. Aunque eso de fiscal de trinchera lo conocemos más por una fiscal activa en twitter, que no es ella.

Su paso por el Ministerio de Justicia enriquece su perfil para ser Fiscal General del Estado, dijo Dolores Delgado con convencimiento. Asegura que ahora conoce mejor la Administración de Justicia. Y “haber sido ministra no debe entenderse como una debilidad, sino como una fortaleza”. Para la ex ministra y ex diputada del PSOE no debería causar desasosiego.

Especialmente críticos con ella fueron los portavoces del PP, Luis Santamaría, de VOX, Javier Ortega Smith, y de Ciudadanos, Edmundo Bal. Críticos y rotundos. Le dijeron que no era idónea, que no era una jurista de reconocido prestigio, que estaba avalada por Sánchez, por los condenados por sedición, por los comunistas, por los abertzales, por los del tiro en la nuca, y por los independentistas, y que no la apoyaba ni el Ministro de Justicia.

“Ustedes han venido a asaltar la Fiscalía”, dijo Luis Santamaría, y añadió que Delgado será una Fiscal General “genuflexa ante el Gobierno, guardiana del PSOE y protectora del independentismo”. Ortega Smith le pidió que cuando llegue cambie el nombre a “ Fiscalía General Socialista”. Tenía interés la intervención del portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, cesado por la propia Delgado como jefe penal de la Abogacía del Estado, por negarse a rebajar el delito de rebelión a sedición. Bal le dijo que no era imparcial, que no es ninguna garantía de independencia y que estaba bajo sospecha.

No faltaron las referencias a las conversaciones con el excomisario Villarejo. Estos tres partidos de la oposición le preguntaron por ellas, y si había más conversaciones. Pero Delgado no respondió, no hizo ni la más mínima mención.

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