La burbuja del desactivador de explosivos

Un sargento primero del Ejército de Tierra responde a COPE en qué piensa cuando se pone delante de un artefacto que tiene que neutralizar

 

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Jefe de Internacional de COPE

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 12:56

“Cuando uno se mete en un incidente, los dos operadores crean una pequeña burbuja en la que se aislan de todo lo exterior”. Así responde un sargento primero del Ejército de Tierra, desactivador de explosivos, a la pregunta de qué piensa al ponerse delante de un artefacto que tiene que neutralizar. En ese momento para el operador EOD desaparece todo lo demás, “se centra exclusivamente en realizar con el mayor éxito posible la desactivación de ese artefacto, sólo piensa en lo que se va a encontrar”.

 

Dice este militar que ha estado 12 años realizando esta labor, y que no lleva la cuenta del número de explosivos que ha desactivado. Cree que han sido “centenares de minas y municiones”, y entre 10 y 20 IED (Artefacto Explosivo Improvisado, por sus siglas en inglés), y lo ha hecho en misiones en Afganistán, Líbano, los Balcanes y Senegal. “La desactivación nunca se debe hacer en solitario -señala-, siempre trabajamos en equipos, normalmente con dos desactivadores, y se suele tener una tercera persona de apoyo”. Cuando tienen que actuar “el más antiguo es el que ejerce de jefe del equipo y el que asume la función de primer operador, y el menos experto es el que está pendiente de lo que hace su compañero en el momento de desactivar el artefacto”.

Los operadores EOD del Ejército de Tierra, Ejército del Aire y la Armada reciben su formación en el Centro Internacional de Desminado, en Hoyo de Manzanares. Allí disponen de instalaciones para la instrucción de los futuros artificieros, campos de explosivos, zonas de ambiente urbano...

El sargento primero explica que “siempre que se pueda hay que utilizar para la desactivación los robots, que tienen una precisión milimétrica”. Para su seguridad emplean “trajes específicos de desactivación, que utilizan bandas de kevlar, un tejido que da cierta protección ante los explosivos y los fragmentos, y que dan ligereza a los trajes, porque pesan bastante menos que otros tipos de blindajes, como los cerámicos, el acero, o las planchas de metal”. “Cada artefacto y cada incidente es completamente diferente del otro”, afirma este militar que opina que “la amenaza de los IED es global, y hoy en día existe un flujo muy grande entre países como Afganistán, Siria e Irak, y al final se encuentra prácticamente lo mismo en todos sitios”.

A juicio de este operador EOD, para ejercer su profesión “se requiere ser meticuloso en los procedimientos y cierto control del estrés al gestionar los incidentes”.

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