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Rock in Rio Lisboa, diario de un primer fin de semana entre el rock y el pop

La ciudad portuguesa abría las puertas del festival en un nuevo entorno y con una variedad de sonidos desde Scorpions a Ed Sheeran. Así lo vivimos

Rock in Rio Lisboa, diario de un primer fin de semana entre el rock y el pop

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 20 jun 2024

No hace falta ser un amante de la música acérrimo, ni siquiera un festivalero de los que no se pierde una de estas grandes ocasiones de las que está plagado el calendario estival, para saber que Rock in Rio existe. Sin embargo, no está de más echar la vista atrás para dar unas pinceladas antes de entrar en detalles de lo que ha experimentado Lisboa durante este fin de semana. 1985, Roberto Medina, empresario brasileño, se arremanga para poner en pie lo que ya es mucho más que una fiesta sonora. Lo hizo en un Brasil inmerso en grandes cambios: tras un largo periodo de dictadura militar, el país daba sus primeros pasos hacia la democracia.

Salió bien. O muy bien. Porque este sábado, 15 de junio, arrancaba la edición número 20 -la décima en esta ciudad portuguesa-. Es cierto que ha habido periodos de más o menos estabilidad, pero nunca lo han dejado morir. ¿El resultado? Una suerte de parque de atracciones donde los artistas y las bandas -casi medio centenar durante los cuatro días calendarizados para esta cita- ponen una banda sonora que quedará para siempre en el imaginario del asistente.




Cuatro son los escenarios, estratégicamente colocados, por los que ya han pasado Scorpions, Europe, Living Colour, Ed Sheeran, Lukas Graham o un Iñigo Quintero que está viendo crecer su sueño en el mundllo a pasos agigantados. Ese es el 'corazón', el motor de una maquinaria que funciona al milímetro y en perfecto estado de engrasado. Alrededor, desde esa noria que ofrece una panorámica pintoresca de todo el recinto -en esta ocasión, el Parque Tejo, donde el Puente Vasco de Gama se erige casi como si fuese una proyección en la sesión central de la noche-, una tirolina que cruza el escenario principal -incluso mientras hay 'show' en vivo sobre sus tablas- o unos Cupiodos que invitan a hacer una celebración del amor con Elvis Presley y Amy Winehouse como maestros de ceremonias.

Entretenimientos para hacer tiempo entre bolo y bolo, más allá de llevarse en el carrete del 'smartphone' esa instantánea delante de las letras enormes de Rock in Rio que reciben al asistente nada más cruzar la puerta de acceso. O esa otra al lado de una zapatilla gigante, manchada, que es símbolo del festival desde que, en aquella primera edición en Río de Janeiro, al desmontar, se encontraron una que alguien dejó olvidada en ese barrizal. A veces, las grandes fiestas se pueden ir un poquito de las manos. Incluso, llevando a alguien a volver a casa descalzo, pero con el alma llena de una experiencia por la que todo el mundo debería pasar, al menos, una vez en la vida. En este caso, a razón de 80.000 por día, con el cartel de 'sold out' colgado para los dos días.




El rock se apodera de Lisboa

Más allá de ese ambiente, de ese marco situacional, hay mucha sonoridad de la buena sbre la que hablar. Porque durante este fin de semana, ha habido dos jornadas muy bien diferenciadas. La primera de ellas, puro rock. Del bueno. Del de toda la vida. Con chispazos de esas nuevas generaciones que quieren emular a sus ídolos -no se puede obviar esa escuela de rock a la que se adhieren cada año cientos de personas bajo el paraguas de Rock in Rio y que, en estas grandes citas, tienen la oportunidad de lucirse ante miles de personas-. Gente tan consagrada como unos Living Colour que le dieron un toque fiestero a la tarde, justo antes de caer el sol, o Extreme, que sacó la artillería pesada de su repertorio para ofrecer clásicos como 'Hole', 'Banshee' o 'Anthem' y rematar con 'Rise'.




Los tres platos fuertes de la jornada llegaban en horario nocturno. Empezando por Evanescence, con una Amy Lee majestuosa, vestida de negro de arriba a abajo y dando paseos de un lado al otro de las tablas sin frenarse, derrochando poderío vocal y unos giros de voz que la convierten en una de las grades divas del rock actual. Casi sin dar tiempo a respirar, en el escenario paralelo, Europe. Seguramente, lo mejor de la primera jornada. Sí, para escuchar a las miles de personas presentes en el Parque Tejo entonar al unísono ese "is the final countdown" hubo que esperar hasta el final. Llegar a la meta tras un transitar equilibrado entre balada y potencia en estado puro. Una dicotomía que nos llevaba a paladear desde ese 'Broken Wings' inicial' hasta 'Cherokee' -antesala de la traca final-, pasando por 'Scream of anger', 'Eden' o 'Ready or not'. Por supuesto, aderezado con ese perfecto giro de micrófono marca de la casa, de ese Joey Tempest incombustible que volvió a hacerlo una vez más.

Como remate, una banda que estará muy pronto en España con el respaldo de RockFM: Scorpions. Klaus Maine arrancó con 'Coming Home' justo después de ese especáctulo conmemorativo de los 20 años de Rock in Rio, con sus fuegos artificiales y toda batería de luces como si estuviésemos en las Fallas de Valencia. 18 temas, uno detrás de otro, casi sin dejar de respirar, salvo en esos minutos en los que Mikkey Dee dio una lección de virtuosismo con las baquetas en una de las baterías más legendarias de la historia de la música. Y no, a pesar de que todos esperábamos su 'Still loving You' como cierre, en esta ocasión se decantaban por 'Rock love like a hurricane'. Todo medido, Y todo rodado para, como decimos, esa visita por nuestro país.



Iñigo Quintero, es global

Y la segunda de las jornadas de este primer fin de semana, era, como bien nos explicaba Roberta Medina, hija del fundador de este evento y actual responsable del mismo, mucho más familiar. Sentada en una charla informal con la prensa española, ponía el acento en ese equilibrio que buscan para satisfacer a un mayor espectro de amantes de los festivales. Tiene claro que siguen sacando el abono completo porque es algo 'tradicional' de este formato, pero consciente de que quienes acudieron con sus camisetas negras en busca de buen rock y del metal más 'pesado', no son los mismos a los que iban dirigidos los conciertos del domingo 17 de junio.

A las cinco de la tarde, con un sol de justicia, Iñigo Quintero demostraba que lo del fenómeno global es mucho más que una etiqueta en las plataformas digitales. Como también que lo que tiene que ofrecer no es solo ese 'Si no estás' que el público se animaba a cantar en el micrófono de CADENA 100. Emocionado hasta la lágrima, el de Potedeume parecía estar empezando a ser consciente de que, realmente, está llamadoo a hacer algo grande. De hecho, minutos más tarde de terminar esos 45 minutos de directo, atendía a la mencionada emisora musical y era muy claro: nos emplazaba, en dos años, a vernos las caras en uno de los escenarios principales.




Esos que, en esta ocasión, estaban reservados para Lukas Graham y Ed Sheeran. La banda danesa a la que da nombre su vocalista se daba uno de esos baños de masas que hacen ver a quien está desde este lado de la industria, que tienen esa chispa que ya ha sido capaz de prender. También himnos que corear a voz en grito, véase 'Mama said' o '7 years'. En el caso del británico, empezaba con los fuegos artificiales que bien se merece alguien a su altura. No muchos son capaces de llenar un escenario tan solo con una guitarra. En realidad, es mucho más que eso, porque su virtuosismo invita a quedarse hipnotizado ante todo ese repertorio de movimientos que ha sido capaz de ingeniar para hacerla sonar diferente. Para ir del 'country' de 'Castle on the hill' a la balada de 'Thinking out loud' o a esa suerte de cajón flamenco en 'Gime love'. 'Shivers', 'Eyes Closed', 'Bad habits', 'Shape of you'...

Si alguien dejó con ganas de més, ese fue Ed Sheeran, pero tendremos que esperar hasta el próximo fin de semana. Las luces se apagan. La música deja de sonar. Y los 'shuttle' devuelven a su lugar de origen a quienes han dado vida a estos dos días de actividad incesante, porque la oferta de Rock in Rio es mucha y muy variada. Como en Disneyland.





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