CULTURA EXPOSICIONES
Los gladiadores cordobeses, en la arena del Museo Evolución Humana de Burgos
Seis estelas y lápidas funerarias de otros tantos gladiadores pertenecientes a la colección del Museo Arqueológico de Córdoba desembarcan desde este martes en la "arena" de la primera planta del Museo de la Evolución Humana de Burgos para contar la realidad de ese oficio.
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Seis estelas y lápidas funerarias de otros tantos gladiadores pertenecientes a la colección del Museo Arqueológico de Córdoba desembarcan desde este martes en la "arena" de la primera planta del Museo de la Evolución Humana de Burgos para contar la realidad de ese oficio.
Se trata de "Muerte en la arena. Gladiadores de Córdoba", una exposición que se podrá ver gratis, organizada por la Junta y el Museo de la Evolución Humana, en colaboración con el Museo Arqueológico de Córdoba, y que tiene Juan Luis Arsuaga como comisario.
La exposición narra las características del oficio de los gladiadores y exhibe también varios elementos de ajuares funerarios.
El núcleo de la muestra lo componen seis estelas y lápidas funerarias de otros tantos gladiadores pertenecientes a la colección del Museo Arqueológico de Córdoba.
Esas estelas, de piedra caliza o mármol, contienen inscripciones que cuentan el historial de los fallecidos como gladiadores y proceden de la necrópolis de Colonia Patricia Corduba, una de las áreas funerarias más extensas de la Córdoba romana, situada a lo largo de una de las salidas de la ciudad hacia Hispalis.
En Corduba, la capital de la Bética, se han recuperado cerca del ochenta por ciento de las tumbas de gladiadores conocidas en Hispania y es la ciudad romana con más elementos de este tipo después de la propia Roma.
Además, se exhiben reproducciones del equipamiento de estos gladiadores como escudos, cascos, puñales o grebas cedidos por la Asociación Cultural Emérita Antigua.
En otro apartado de la exposición se pueden ver vitrinas con ajuares funerarios de los gladiadores, piezas que se solían enterrar junto a los difuntos u otras que proceden de los ritos funerarios como es el caso de varias lucernas del siglo I después de Cristo.
Las lucernas eran pequeños utensilios utilizados masivamente por los romanos para sus actividades rituales.
Junto a ellas se exponen ungüentarios de cerámica, una urna funeraria de cerámica, una varilla de bronce, un amuleto fálico, un fragmento de una máscara de arcilla, un biberón de cerámica, además de cuentas esféricas, vasos, cuencos y tazas.
Son todas piezas cedidas por el Museo Arqueológico de Córdoba y pertenecen al Alto Imperio (siglo I y II), cuando el ritual funerario era más o menos complejo en función del grupo social al que se perteneciera.
Según ha explicado la Consejería de Cultura en un comunicado, esos elementos ayudarán a entender la profesión del gladiador, de la que se tiene conocimiento sobre todo por fuentes escritas y epitafios.
De acuerdo con la legislación romana, esta profesión acarreaba el estigma de infamia, pero, al mismo tiempo, fue adorada por la sociedad romana, considerando que los juegos gladiatorios eran un modelo para enseñar virtudes tan apreciadas en como el valor, la disciplina o la aceptación de la muerte.
La exposición contextualiza el nacimiento de este oficio desde su origen, en el siglo IV a.C., cuando se celebraban los combates para honrar la memoria de un fallecido hasta que se convirtiera en el espectáculo público preferido en la época imperial.
Los gladiadores eran, en muchos casos, personajes populares y famosos que despertaban pasiones en todas las capas de la población romana.
Tal era su importancia, que personajes destacados dedicaban gran cantidad de dinero a financiar estas luchas en la arena, de tal forma que acabaron convirtiéndose en una plataforma de promoción política y en una poderosa arma de control social.
El origen de los gladiadores era muy variado: podían ser esclavos, prisioneros de guerra, criminales condenados "ad ludum" o incluso hombres libres que elegían la profesión voluntariamente.
Normalmente vivían en el "ludus", la escuela donde se entrenaban y formaban, dirigido por un "lanista" que, habitualmente, era también propietario.
Esos espacios proporcionaban seguridad, soporte social y atención médica; algunos combatientes vivían en estas instituciones con sus propias familias.
Los juegos los organizaba el denominado "editor", bien con dinero público, bien con su propio capital, para promocionarse social y políticamente, y etaban regulados por árbitros (Summa rudis y Secunda rudis) que vestían toga blanca y llevaban una vara para parar el combate cuando lo consideraban necesario.



