SALVADOR DALÍ
Gómez de Liaño analiza cómo Dalí llevaba la razón a lo más fantástico
Marga Sánchez
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Marga Sánchez
Llevar la razón a lo más fantástico es una de las claves del arte Dalí, como señala el escritor y filósofo Ignacio Gómez de Liaño en su libro "Dalí descifrado" (Ediciones Asimétricas), basado en charlas que mantuvo con el artista catalán en sus residencias de Figueres y Portlligat a mediados de los 70.
Liaño (Madrid 1946) desvela además en una entrevista con Efe otros enigmas conectados con la ciencia y el arte, la tradición y la modernidad o la relación del artista con Gala.
Pregunta.- Desde joven le atraen a Dalí (1904-1989) los avances en la ciencia. Dice que quiere pintar la antimateria. ¿Cómo percibía él estos "vasos comunicantes" entre la ciencia y el arte?
Respuesta.- Esos "vasos comunicantes" entre la ciencia y el arte tenían como clave la importancia que Dalí daba a la razón. No le gustaba que al mirar un cuadro suyo, uno se abandonase a la fantasía.
Cuando me pedía a mí, o a su amigo Antonio Pitxot, que le dijésemos cómo interpretábamos un cuadro suyo, siempre nos pedía que le diésemos razón de nuestra interpretación. Llevar la razón a lo más fantástico, ahí está una de las claves de Dalí.
P.- ¿Cómo se conjugan la modernidad y la vanguardia, que por una parte caracterizaban a Dalí, y la tradición que tanto defendía?
R.- Dalí temía que los excesos de la vanguardia acabasen con el arte. Gran parte de su éxito está en que concilió tradición y vanguardia. Se veía como salvador del arte contemporáneo. En las guerras, la vanguardia es la parte del ejército que está más expuesta a perecer.
P.- En los años treinta Dalí intensifica en su obra el surrealismo. En 1938 visita a Freud en Londres. Además de en su obra, ¿en su vida personal otorgaba a los sueños un puesto importante?
R.- Siempre le motivaron los aspectos oníricos e inesperados que se le presentaban en la vida. Se mostraba sobre todo interesado en las innovaciones de tipo cultural, como cuando le dije que su Teatro-Museo me hacía pensar en el Teatro de la Memoria del filósofo Giulio Camillo.
P.- Dalí estaba interesado por la geometría, la tradición pitagórica, la proporción áurea, como generadores de dimensiones. ¿Era tal vez este el interés más vital de Dalí?
R.- Era uno de nuestros temas. Dalí estaba alerta a todo lo que fuera innovación científica relacionada con la imagen y veía en la ciencia una forma de arte y un estímulo fundamental.
Se interesó por mis investigaciones en 1971 en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid sobre la aplicación de las gramáticas generativas a la arquitectura y, de forma especial, sobre imágenes de fisonomías (concretamente, las de los Apóstoles de El Greco) descompuestas geométricamente, lo que dio nacimiento a la pixelización y de algún modo inspiró o anticipó su cuadro "Gala mirando el mar Mediterráneo" (de 1974-1976) que es también un retrato de Lincoln.
P.- ¿Cómo definiría la relación con Gala? ¿Era tan excepcional esa conexión?
R.- Gala asistía a muchas de nuestras conversaciones. No participaba en ellas, pero nos escuchaba. Cuando Dalí y yo terminábamos algún debate, ella decía: "Dalí ha ganado". Para Gala, Dalí era el no va más del arte y la inteligencia. Para Dalí, Gala era, además del ideal de la mujer amada, el principio de realidad sin el que Dalí no hubiera podido llevar adelante su vida.
También recuerdo las maternales advertencias de Gala a Dalí cuando este empezó a enfermar. Dalí la sobrevivió y se sobrevivió a sí mismo varios años. Cuando Gala falleció, él se fue a vivir al castillo de Púbol, donde Gala se retiraba a hacer su vida y al que él solo podía ir, según me decía, cuando ella le enviaba una invitación impresa.
P.- Asegura que el artista estaría profundamente decepcionado con la gestión politizada que se está llevando a cabo en la Fundación Dalí. ¿Qué le hubiera gustado a él que ocurriera con su legado?
R.- Su falta de rigor intelectual me pasmó cuando hace un par de meses me dijeron que habían hecho un documental sobre Dalí que ponía de relieve el tema del Teatro de la Memoria, y ni siquiera me citaban, cuando fui yo quien habló de ese tema a Dalí cuando nos conocimos en julio de 1978 y que por eso me pidió que escribiese al respecto en el catálogo de la exposición del Pompidou, de 1979. Mi texto se titula, precisamente "El teatro Dalí de la Memoria".
En cuanto a su patrimonio, Dalí lo legó al Estado español, a pesar de los intentos que hizo Jordi Pujol, un tipo al que Dalí detestaba y que se coló en el cuarto en el que estaba entubado, para que lo legase a la Generalitat. Dalí, obviamente, no le hizo caso.
La Fundación solo puede mejorar su gestión si cuenta con gente políticamente independiente y no con gente que quiere vivir del momio comercial que representa la figura del gran pintor de Figueras. EFE
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