ARTE EXPOSICIÓN

El arte como denuncia de la violencia y el patriarcado, en la Neomudéjar

El Centro de Arte La Neomudéjar sigue abriendo camino a las mujeres artistas y hoy inaugura dos exposiciones que dialogan sobre la violencia contra la mujer y el patriarcado, "El instinto como prejuicio", de María Bodel, y "Tres cruces", de Aimée Joaristi.,"Tres cruces" es una propuesta de la artista cubana Aimée Joaristi, arquitecta y artista que recupera un suceso trágico de la historia reciente de Costa Rica -donde vive-, la masacre de Alajuelita, un crim

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 14:03

Carmen Sigüenza

El Centro de Arte La Neomudéjar sigue abriendo camino a las mujeres artistas y hoy inaugura dos exposiciones que dialogan sobre la violencia contra la mujer y el patriarcado, "El instinto como prejuicio", de María Bodel, y "Tres cruces", de Aimée Joaristi.

"Tres cruces" es una propuesta de la artista cubana Aimée Joaristi, arquitecta y artista que recupera un suceso trágico de la historia reciente de Costa Rica -donde vive-, la masacre de Alajuelita, un crimen de género que removió los cimientos de la sociedad y que todavía está sin resolver.

Su propuesta es una creación con varias instalaciones, con las que esta artista utiliza el arte "como herramienta para dar en la cabeza" y volver a poner sobre la mesa un hecho trágico. Hace treinta años, un Domingo de Ramos, siete mujeres inocentes fueron violadas y brutalmente ejecutadas cuando descendían del cerro de la Cruz de la Alajuelita, un suceso sin resolver que conmocionó de niña a la autora.

"Yo vivía en la falda de esa montaña y ese hecho en mi juventud me dejó trastocada. Fue un choque. Después estudié arquitectura, y me desenvolví en un mundo rodeada de hombres constantemente. Y me dije: ya basta, estoy harta de que en Costa Rica, la Suiza de centroamérica, el país de la paz, como se llama, no se sepa nada aún de estos sucesos y que siga siendo un país tan patriarcal", explica a Efe Joaristi.

Así, esta artista se propuso esta muestra como "recuerdo y memoria" para la Neomudéjar, y luego también viajará a Costa Rica, donde se la han pedido.

Se trata de una instalación que mezcla algunos pasajes de ese suceso con episodios personales de la artista, un diálogo entre lo histórico y personal que Joaristi lo resuelve con una propuesta en la que entra pintura, instalación, vídeo, entrevistas y material de archivos y documentos.

Entre las piezas, destaca un camastro deshecho, encima del cual hay unos zapatos o un secador, entre otras cosas, evoca la ausencia, la de alguien que ha abandonado la habitación con premura y sin mirar atrás. Se trata de reproducir el cuarto de la señora de 42 años, víctima del crimen junto con sus sobrinas antes de subir al cerro de la Cruz.

"La violencia de género constituye uno de los más graves síntomas de cultura contemporánea -dice la artista-. En España se habla de ellos y está saliendo a la luz, en Costa Rica sigue siendo una lucha grande. En 2013 volvieron a reabrir este caso, a petición de un magistrado para darle el carácter de crimen de género, pero todavía sigue sin resolverse", añade.

La otra exposición que se inaugura en La Neomudéjar, "El instinto como prejuicio", de María Bodel, está compuesta por 20 piezas, entre pinturas y dibujos y material multimedia, que parten de la pintura de Bodel sobre el tema de cómo el lobo ha sido representado en cuentos, fábulas e historias como la metáfora que describe lo peligroso y terrorífico del hombre, y de cómo éste, ha sido ahogado y apresado por su propio mito, y en ocasiones injustamente acusado.

"Me gusta pensar que en la relación entre las imágenes generadas y el espectador, se gesta un vínculo donde la atención y los pensamientos de los individuos que las contemplan se activan, pues constantemente se está rompiendo con el canon de belleza estético habitual, ya que la imagen originada no se trata de una imagen bella y agradable, sino de una imagen osada".

"Se nos ha obligado a desechar nuestros delirios más salvajes, cerrándole la puerta al lobo, a nuestra parte más humana", concluye María Bodel, que traza una pintura neoexpresionista, descarnada, irónica y satírica.

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