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SCOUTS LIBRO (Crónica)

Los "scouts" atrapados por la Guerra Civil

Pilar Rodríguez Veiga,Madrid, 12 jun (EFE).- Un tranquilo campamento de verano en el valle de Ordesa (Huesca) para setenta "scouts" se convertiría en 1936 en una aventura de nueve meses para sus integrantes, que quedaron cercados por la Guerra Civil, pero todos sobrevivieron y sus vivencias se recuerdan ahora en un libro.,Escribir "Historia de un campamento" fue para Patricio Borobio, uno de los exploradores de ese campamento "scout" de la Agrupación de Zaragoza, "una parte muy importante de su

  • Agencia EFE

Pilar Rodríguez Veiga

Un tranquilo campamento de verano en el valle de Ordesa (Huesca) para setenta "scouts" se convertiría en 1936 en una aventura de nueve meses para sus integrantes, que quedaron cercados por la Guerra Civil, pero todos sobrevivieron y sus vivencias se recuerdan ahora en un libro.

Escribir "Historia de un campamento" fue para Patricio Borobio, uno de los exploradores de ese campamento "scout" de la Agrupación de Zaragoza, "una parte muy importante de su vida, pues comenzó a escribirla cuando pudo regresar a su casa y terminó en 2014, poco antes de fallecer", explica a Efe Josechu Borobio, uno de sus sobrinos.

Narra unos acontecimientos que antes de editarse han corrido de boca en boca entre los "scouts", como una leyenda, y que demuestran "los propios valores" de este movimiento nacido en el Reino Unido en 1907, de la mano del militar retirado Robert Baden-Powell.

Patricio Boribio tenía 13 años cuando, junto a su hermano Luis, disfrutaba de un "típico campamento scout con sus hogueras nocturnas y excursiones", explica su sobrino.

Pero el destino hizo que dos días después de llegar a Ordesa estallara la guerra, se quedaran en el lado republicano, y les descubrieran milicianos que les iban requisando cosas.

El libro (editado por "Scouts España"), en el que no faltan fotografías, narra anécdotas graciosas en esa difícil situación, como que entregaban las tiendas "más grandes" pero las que "más calaban", destaca Josechu Boribio.

Y a pesar del frío, el hambre o de los disparos que escuchan, los adolescentes se preocupan sobre todo por intentar ligar con la hija de una familia belga que había ido de veraneo a la zona.

Pero sin noticias de sus familias y viceversa, se inician las gestiones -a través de cartas a la Oficina Scout Internacional localizada en Londres- para la evacuación de todo el grupo.

El campamento estaba dirigido por el jefe de la tropa de "scouts" de Zaragoza, el holandés Herman A. Timmerman, que por su nacionalidad podía moverse para ir a solicitar ayuda y que renunció a abandonar a los chicos.

Logran llegar al pueblo de Aínsa, donde los milicianos les permiten instalarse en un campo y solo acercarse al río a bañarse con autorización.

Pero como sabían leer y escribir, a diferencia de muchas personas de ese pueblo, los milicianos les obligan a hacer inventarios de los contenidos de los comercios que requisaban.

Desde Aínsa son autorizados a viajar en octubre hasta Barcelona, donde son recibidos como héroes pues se dice que han huido de la zona nacional; un recibimiento parecido al que tendrán luego en Zaragoza como héroes que habían escapado de la zona roja, rememora Josechu Boribio.

Asegura que el Movimiento Scout es apolítico (durante el Franquismo fue prohibido y en la actualidad está presente en todo el mundo excepto en Cuba, China y Corea del Norte) y que en el campamento había diferentes ideas políticas, aunque la amistad estaba por encima de todo, recalca.

El periplo no termina y a través de gestiones de la Cruz Roja Internacional y autoridades españolas manda a los menores de 18 años a Francia y que los mayores permanezcan en Barcelona por si son alistados.

Los 46 "scouts" que llegaron a Francia fueron llevados a un hospital de peregrinos en Lourdes, donde tuvieron más facilidad para escribir a familiares y seguir estudiando.

En abril, el grupo de Lourdes pudo volver a Zaragoza gracias a la original ocurrencia del alcalde de dicha ciudad de organizar un intercambio con una compañía de revistas del Teatro Cómico de Barcelona (representaban la obra "Naranjas de la China).

"Se acordó el canje de las coristas por los chicos de Barcelona", resalta Josechu Boribio, que recuerda que meses después también los scouts mayores que se habían quedado en Barcelona volvieron a sus casas.

"El gran drama que fue la Guerra Civil la vivieron como una aventura", concluye.

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