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Oriente-Occidente: El nuevo “muro de la vergüenza”

Manuel Cruz

No deja de sorprender que Theresa May exclame, llena de indignación, que ”¡basta ya de tolerancia con el extremismo islamista!”. Con esta expresión, la primera ministra británica venía a reconocer que su país, sus gobiernos, ella misma, han sido demasiado amables con sus ciudadanos británicos musulmanes, procedentes de las antiguas colonias, que se han radicalizado a ojos vistas durante los últimos años.

¿Y bien? ¿Ahora, qué? ¿Tiene acaso la líder conservadora británica, que no le llega a las tapas de los tacones de la extinta Margaret Thatcher, algún plan para ser menos tolerante, menos complaciente, con los millones de islámicos que han convertido Londres en un Londontand? Algunos listillos bienintencionados, han hablado estos días de resaca terrorista, de la necesidad de deportar a todos los extremistas que se “colaron” en Gran Bretaña (por extensión habría que hablar de casi toda Europa) al socaire de la descolonización, hace ya más de sesenta años. ¡Pero si ya estamos en la segunda y tercera generación de musulmanes con nacionalidad europea¡ ¿A dónde se van a deportar? ¿A las antiguas colonias? ¿O meterlos a todos -decenas de miles, oiga- en la cárcel? ¡Qué estupidez!

Curiosamente, un imán inglés ha puesto un poquito el dedo en la llaga: ¡Hay que cerrar las mezquitas donde se han radicalizado estos terroristas¡ Vale. Pero surgen nuevas preguntas: ¿Y qué hacer con los otros miles que las frecuentan? ¿No son también británicos… franceses, alemanes, italianos, españoles…? Seamos sensatos: a los yihadistas de nuevo cuño no les hace falta ir a ninguna mezquita -aunque las hay, vaya si las hay- donde se predica la práctica del Islám según los ritos más rigurosos. A los asesinos, que se hacen a sí mismos en un día, les basta Internet, las redes sociales y su propio desencanto de la hipócrita sociedad occidental donde no han llegado a integrarse. Incluso he leído que la poderosa asociación de musulmanes residentes en Gran Bretaña anda cariacontecida porque todavía los occidentales no sabemod distinguir entre radicales violentos y radicales piadosos. Todo un hallazgo.

En el fondo se trata de admitir que lo importante para un musulmán es que sea “piadoso radical”. Y aquí podemos encontrar el quid de la cuestión: los yihadistas no van solo contra contra los “cruzados” europeos sino, especialmente, contra los musulmanes tibios, abducidos por el laicismo y, cómo no, contra los apóstatas.

A ver si lo entendemos aquí, en nuestra acomodada Europa: lo que no admiten los musulmanes -digamos los más “íntegros” o integristas, educados en el wahabismo saudita o el salafismo, son las costumbres europeas, lo que nosotros llamamos ingenuamente “nuestros valores”: democracia, libertad…y olvido de Dios.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que nunca, nunca podremos rechazar el integrismo musulmán con flores, velitas y conciertos? ¡Nos odian precisamente por eso y se refocilan cada vez que montamos un “show” de ministros, dirigentes políticos y concejales en silencio, muy serios ellos, delante de los edificios oficiales… sin atreverse -¡qué disparate, en estos tiempos de superhombres y supermujeres!- a rezar por las víctimas… ¡Los yihadistas, por decirlo de alguna forma que se entienda, son los nuevos “locos de Dios”, los “defensores” de Dios, por mucho que el Papa Francisco se lo ha dicho bien clarito desde la atalaya de El Azhar: Dios no necesita defensores.

Me atrevería a decir que, en definitiva, los asesinos que utilizan el nombre de Dios sin necesidad de conocerlo siquiera, nos están lanzando un aviso, con toda crueldad, para que de verdad, los occidentales recuperemos “nuestros” valores, no solo vivimos de libertad y democracia, sino de la verdad sin engaño y de la fe en Dios, suficiente para rechazar los ídolos que nos hemos creado, desde el dinero a la moda muslera pasando por todo tipo de perversión sexual…. ¡Eso no lo pueden soportar los radicales islámicos! ¿Recuerdan el grito de gozo del Daesh al reivindicar el atentado de Manchester durante el concierto de Ariana Grande: “¡Hemos matado a vuestros hijos!”

La disyuntiva que se plantea, dicho sea metafóricamente, es tan simple como seria: o vamos nosotros a quitarle el velo a las musulmanas o vienen ellos a ponérselo a las impúdicas occidentales. El nuevo “muro de la vergüenza” separa Oriente de Occidente, se llama velo, hiyab, yilaba, burka, niqab y toda la gama que utilizan para ocultar el encanto femenino, ay, la tentación… Ni siquiera hablan los yihadistas, como pretexto para sus crímenes, de la antigua colonización, del drama de los palestinos, de los sesenta años de ocupación de ¡Cisjordania!, una vez asumida ya la existencia del Estado de Israel. Esa es otra guerra.

Está bien que se acabe con la “tolerancia” hacia los extremistas islámicos, pero, al menos acabemos antes con la hipocresía de las velitas y las flores.

¡Rezemos un poco más, incluso con el mismo descaro con que lo hacen los musulmanes, ya sean extremistas o simples devotos, en medio de la calle, sin importarles lo que les rodea! A ver, un rosario, por favor, que lo vean los amigos musulmanes…