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En Madrid

Adiós al Ritz: un hotel plagado de historias y anécdotas

El Ritz de Madrid cierra sus puertas este miércoles para una gran reforma de 18 meses, valorada en 99 millones

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  • COPE.es

El hotel Ritz ha cerrado sus puertas este miércoles, 28 de febrero, para acometer unas obras valoradas en un importe de 99 millones de euros, que reformarán el edificio por completo y se alargarán hasta finales de 2019. 

El Ritz ha sido sinónimo del lujo y referente en la capital en el que se han alojado miembros de la realeza, magnates y celebridades. En 2015 Mandarin Oriental y Olayan compraron el hotel a Belmond Spanish Holding y Landis Inversiones, a través de una sociedad de la que cada socio posee el 50%. 

El Ritz, ubicado junto al Museo del Prado y frente al Museo Thyssen-Bornemisza, fue durante años un referente de la vida social y cultural de la capital. Inaugurado en 1910 por Alfonso XIII, quien quería dotar a Madrid de un hotel de lujo para recibir a la realeza europea y demás visitantes ilustres, fue diseñado y construido por el famoso hotelero César Ritz y proyectado por el arquitecto francés Charles Frédéric Mewes. El edificio, de seis plantas con fachadas de estilo afrancesado, cuenta en la actualidad con 106 habitaciones y 47 suites, cada una de ellas decorada de forma diferente.

La filosofía empresarial del mítico hotel era fiel a la premisa mágica de César Ritz, su fundador: “Aquí nos adelantamos a los deseos de los clientes”. Esa es una de sus tantas señas de identidad. Un ejemplo: cada vez que Frank Sinatra llegaba al Ritz, le esperaba un piano de cola blanco, impaciente por hacer sonar una de sus famosas canciones. O cuando lo hacía Plácido Domingo, el tenor camina a sus anchas por su habitación con un albornoz y unas pantuflas bordadas con sus iniciales, cortesía de la casa, que también halaga con flores blancas a una de sus grandes clientas: la top Cindy Crawford. Lujo, exclusividad y una atención vocacional, que hace las delicias de los que acreditan tener pedigrí en su ADN: Los duques de Windsor, cabezas coronadas de Omán, Fidel Castro, Margaret Thatcher, Matta Hari, Elton John, Dalí, García Márquez, Orson Welles, Richard Burton, Yves Saint Laurent... Todos menos Michael Jackson, a quien se le denegó la entrada por tener mascotas.

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Y así, no cien, sino miles de historias más, ya que el Ritz, una joya del estilo arquitectónico Belle-Epoque, ha cristalizado en sus estancias momentos muy importantes de la historia más reciente de la historia. Yasser Arafat dio aquí su primera rueda de prensa; Fleming, famoso por haber descubierto la penicilina, se enamoró de los callos a la madrileña y se llevó ingentes raciones de ellos a su Escocia natal; Antonio Banderas le dio en el Ritz el ‘sí, quiero’ a su primera mujer, Ana Leza; los príncipes de Mónaco pasaron su luna de miel en el hotel, que sirvió como hospital durante la Guerra Civil, y el Rey de Marruecos no se quiso marchar cuando descubrió las comodidades que ofrecía. “Montó su propia cocina. Cenaba a las cuatro de la mañana y la verdad que nos volvió un poco locos”, recuerdan. Aunque sin duda alguna, el momento más duro que vivieron sus trabajadores fue la llegada del emperador de Etiopía, Haile Selassie, a quien costó satisfacer con creces. “No le podíamos dar la espalda, ni tocarle, ni mirarle a los ojos. Le tuvimos que coser unas insignias en el traje y fue realmente complicado hacerlo”, afirma uno de ellos.

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La historia del Ritz está inexorablemente ligada a las efemérides de la Casa Real e importantes familias de la aristocracia española, que decidieron irse a vivir al hotel cuando la Guerra Civil española arrasó con sus palacios. El Rey Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y el presidente del Gobierno, José Canalejas, lo inauguraron el 2 de octubre de 1910 a las cinco de la tarde, tal y como retratan las crónicas de la época. Se transformaba en realidad un proyecto, en el que el propio Rey había participado activamente, ya que era consciente de la débil oferta hotelera de Madrid y de las dificultades de los altos mandatarios europeos y los invitados a su boda, celebrada cuatro años antes, para hospedarse. Madrid se convertía en estandarte del lujo y la distinción. Londres y París habían hecho lo propio años antes. Al morir en el exilio en Roma, el Ritz de Madrid, el tercero para su fundador, fue el lugar escogido para colocar la mesa de condolencias del abuelo del Rey Juan Carlos.

Cuentan sus trabajadores más veteranos que, antes de convertirse en Rey de España, el padre del príncipe Felipe también solía acudir al hotel para comprar la prensa internacional o, curiosamente, para que el peluquero le diera un buen corte. Además, uno de los platos favoritos del monarca era el típico cocido madrileño, marca de la casa, que todavía ofrecen en la actualidad. La cuidada gastronomía del hotel llevó a Franco a contratar el catering para la boda de su hija, Carmen Franco, con el marqués de Villaverde.

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El ámbito político también tuvo su representación en Madrid y en enero de 1981 tuvo lugar la primera reunión entre Josep Tarradellas y Juan de Borbón. Además, Adolfo Suárez eligió el último día de julio de 1982 para presentar en el hotel su nuevo partido, el CDS. 

Entre otras anécdotas curiosas, el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, que estuvo en España a principios de mayo de 1985, no consintió que ninguno de las camareros del hotel entrara en sus habitaciones. Sólo se lo permitió a sus empleados filipinos. 

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