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Línea Editorial 22/02/2013

El misterio de Pedro

De 

Faltan pocos días para que la Sede de Pedro quede vacante y se ponga en marcha el procedimiento para la elección de un nuevo Papa. Es un acontecimiento que el mundo mira con asombro, y sobre el que no pocos tienden a fabular, a veces hasta límites grotescos. La votación de los cardenales tendrá lugar en la Capilla Sixtina, lo cual enfatiza la dimensión histórica del acontecimiento. Si todos los obispos son sucesores de los apóstoles, el obispo de Roma es el sucesor de uno muy concreto, san Pedro, y por ello es reconocido como cabeza del colegio apostólico. Ocurre así desde los orígenes de cristianismo y al menos desde el siglo IV, la Iglesia lo celebra de forma especial cada 22 de febrero, fiesta de la cátedra de san Pedro. Pero ya desde mucho antes queda acreditada la primacía de los sucesores de Pedro. En el siglo II, san Ireneo escribe que con la Iglesia de Roma deben «estar de acuerdo los fieles de todas partes». Lo ha recordado Benedicto XVI, que ha dejado bellas enseñanzas sobre cómo la sucesión apostólica asegura «la fidelidad a la enseñanza y a la práctica de los apóstoles», y sobre cómo el Espíritu Santo actúa incluso en medio de las debilidades y mezquindades de los hombres. Éste es el misterio de la Iglesia, fundada sobre el pilar de san Pedro: Dios ha querido actuar por medio de los hombres, sin anular su libertad, pero sin dejar nunca abandonada a la Iglesia, a la que Cristo ha prometido acompañar hasta el final de los tiempos.

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