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TOROS | Las Ventas

Leandro y Serafín vuelven a contar

Una oreja cada uno pasearon los toreros Leandro y Serafín Marín en la última corrida de toros del mes de agosto en Las Ventas celebrada este domingo, en la que las reses de Antonio Bañuelos, de buen juego en conjunto, fueron también destacados protagonistas.
Leandro y Serafín Marín, oreja este domingo en Madrid. LAS-VENTAS.COM
Leandro y Serafín Marín, oreja este domingo en Madrid. LAS-VENTAS.COM

Otra tarde de agosto en Las Ventas con cosas buenas que contar. A las triunfales actuaciones pasadas de Eugenio de Mora y Pepe Moral hay que sumar ahora dos nuevas: la de Leandro, que cortó una oreja tras una bonita faena a su primero, y la de Serafín Marín, que paseó otra del sexto también por una labor de notable hondura al natural, con las que ambos demostraron que quieren volver a contar.También es necesario ensalzar la muy noble y buena corrida de toros que lidió Antonio Bañuelos, con cuatro toros más que notorios para el triunfo, y la digna imagen mostrada por Ricardo Torres, que confirmó doctorado después de trece años ya como matador de toros desde que tomara la alternativa en Zaragoza en 2001.Leandro lanceó con mucho gusto a la verónica a su primero, toro noble y con calidad aunque un punto blando, al que el vallisoletano, que brindó faena al público, toreó con suavidad y mucha pinturería en la muleta, componiendo muy bien la figura para acompañar las dulces embestidas del astado, e incluso imprimiendo profundidad en los muletazos al natural, los de mayor entidad del trasteo.Toreo caro de Leandro, que volvió a plasmar bellísimos pases por el derecho como fin de obra. Faltó mayor contundencia con la espada, pero así y todo hubo pañuelos suficientes en los tendidos para que le concedieran una oreja.No pudo redondear el triunfo Leandro en el quinto, un toro que se movió pero con el defecto de pegar un tornillazo al final de cada pase. El hombre no pudo corregir esa fea tendencia del burel, al que no dominó en ningún momento, por lo que la faena, un tanto deslavazada, no cogió el vuelo deseado.El toro de la confirmación de Ricardo Torres tuvo pocas fuerzas pero muy buen fondo, el típico astado de dulce para hacer el toreo. El diestro aragonés sorprendió con un concepto reposado y elegante, tirando con largura y limpieza de las embestidas de su antagonista en una faena pulcra y con un destacado componente artístico por lo relajado y a gusto que se le vio.Lástima que fallara a espadas, mas lo verdaderamente importante fue la imagen tan digna que ofreció Torres a pesar de las pocas oportunidades que ha disfrutado en los últimos años.Con el cuarto volvió a mostrar la misma disposición Torres, sobre todo en cinco estatuarios sin enmendarse con los que abrió faena. El toro tuvo movilidad aunque con la cara natural, y el torero de Zaragoza lo toreó con largura pero un punto acelerado y sin someterlo por abajo, sin imponer el mando necesario, o lo que es lo mismo, sin acoplarse del todo con él.El primero de Serafín Marín fue el garbanzo negro de la función, un animal que se lo pensaba mucho antes de tomar el engaño, haciendo imposible la ligazón. El catalán puso mucho empeño y voluntad en su quehacer, pero fue imposible armar faena ante un astado al que le faltó fuelle y ánimo de embestir.Cerró plaza un astado que se derrumbó en varas, pero que se vino arriba en el último tercio, repitiendo incansablemente a la muleta de un Serafín Marín pletórico al natural, con un toreo largo y profundo, cadencioso y por abajo, en tandas ligadas y bien compactadas, de notable calado.Importante dimensión del torero de Montcada i Reixac, que volvió a sentirse en la plaza que le encumbró en el pasado y que ahora debería servirle de lanzadera, igual que a Leandro, los nombres propios de la tarde junto al de Antonio Bañuelos. "Chapeau" también para el ganadero burgalés. FICHA DEL FESTEJO Madrid, domingo 24 de agosto de 20.14. Un cuarto de plaza. Toros de Antonio Bañuelos, de desiguales hechuras, nobles y buenos, entre los que destacó la calidad y buen son de los dos primeros, y las notables posibilidades de cuarto y sexto; el quinto se movió aunque punteando los engaños, y con poco fuelle y agarrado al piso el tercero. Ricardo Torres, que confirmaba alternativa, ovación y silencio tras aviso. Leandro, oreja tras aviso y silencio. Serafín Marín, silencio tras aviso y oreja.

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