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TOROS | Dos buenos novillos de Cuvillo en Sevilla

Congelados hasta la decepción final

Los novilleros Juan Ortega, Román y Lama de Góngora sólo han sido ovacionados tras mostrar atisbos de su toreo en una gélida, desapacible y anodina tarde en la Real Maestranza. Dos novillos de la ganadería de Núñez del Cuvillo destacaron de un encierro desigual de presencia, terciado, flojo y noble.
Román durante su actuación este domingo en Sevilla. ARJONA/LAMAESTRANZA.ES
Román durante su actuación este domingo en Sevilla. ARJONA/LAMAESTRANZA.ES
  • cope.es
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Sevilla, domingo 28 de abril de 2013. 15ª de abono. Dos tercios de plaza. Cinco novillos de Núñez del Cuvillo, sesiguales de presencia, terciados y flojos; y uno -lidiado en tercer lugar- de Fuente Rey, noble y chico. Mejores primero y segundo. Juan Ortega, saludos en ambos. Román, ovación y silencio tras aviso. Lama de Góngora, palmas y silencio tras aviso. Quizá todo estuvo condicionado por la gélida tarde, o por el viento frío que azotaba, abajo, en el ruedo y helaba los huesos, arriba, en tendidos y gradas. Frío ambiente que contagió a una terna venida a menos. O por los nobles novillos de apagadas embestidas que se quedaron a mitad de camino. Al fin y al cabo todo contribuyó a empequeñecer la tarde. A hacerla desesperante. A desear que aquello acabara cuanto antes. Y es que nada de lo hecho fue suficiente para transmitir a la gente una pizca de emoción. No hubo forma de de aumentar el ánimo de un público que aguantó congelado hasta la decepción final. Y es que muy poco de interés sucedió durante más de dos horas de anodino toreo y nobles embestidas. Por una parte la novillada de Núñez del Cuvillo, chica, floja y muy desigual de presencia; sumó nota en sólo dos novillos. Por otra, las ganas de los que se pusieron delante fueron insuficientes para convencer. A Juan Ortega le descontroló el viento. La faena al primero fue toda una mezcla de enganchados muletazos y notables pases sueltos. Algún que otro natural mostró el buen concepto del toreo que el sevillano lleva en sus formas, y poco más pudo sacar de la encastada, aunque descompuesta, embestida del noble utrero. Lo mejor, la estocada. Al cuarto, de sosas acometidas, le intercaló pases con ambas manos de escaso interés. Se apagó el novillo y consumió una actuación que se quedó en nada. El debutante Román mostró su desparpajo, con un grado de calidad, en la faena al segundo, un buen utrero de Núñez del Cuvillo, en la que primó el deseo sobre la exquisitez de cada pase. No obstante, dejó pasajes con la izquierda donde el impecable natural estuvo pleno de chispa y vivacidad, pese a dejar sin exprimir en su totalidad la calidad de una embestida que, por el pitón izquierdo, fue superior al derecho. El valenciano aguantó parones, pisó terrenos comprometidos y sufrió volteretas durante un trasteo que, después, no supo firmar con la espada. Con el quinto, rebrincado y soso, al que recibió con dos faroles de rodillas en el tercio, se esforzó en una faena de escaso interés en la que sobresalió algún que otro muletazo diestro. Y poco más. La estocada, bastó. Lama de Góngora echó la tarde con sólo detalles. Lo que se le ha visto ha sido un atisbo de la versión artística de un torero con personalidad arrolladora y unas formas diferentes. Demasiado poco para lo que de él se espera. Al tercero, un novillo de cortas acometidas y al que recibió a portagayola, combinó la esencia y la sencillez en el muletazo diestro que, sin llegar a lo extraordinario, poseyó su estilo y naturalidad. Poco se prodigó con la izquierda en un vano intento con el novillo parado. Mató de estocada y escuchó palmas. Al flojo sexto, lo mantuvo en la verticalidad con muletazos a media altura en una faena de pobre contenido y reducida a preciosos muletazos y adornos muy toreros. Con el descabello se eternizó. Sí cabe destacar dos extraordinarias chicuelinas y revolera a una mano al quitar al segundo novillo de Román. Lo mejor.

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