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Camino de Pascua

Viernes, a las 11:35 y a las 21:00

    El mensaje del obispo de Getafe en 'Camino de Pascua': "Las tentaciones buscan vaciar la presencia de Dios"

    Mons. Ginés García Beltrán ha reflexionado sobre el Evangelio de San Mateo Mt 4, 1-11: "Jesús ayuna cuarenta días y es tentado"

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    Tiempo de lectura: 5'Actualizado 21:44

    TRECE ha invitado a su audiencia a participar en la preparación de la Semana Santa a través de 'Camino de Pascua', con el que se comparte con los espectadores la Palabra de Dios. Ha sido el obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, el encargado de realizar la primera reflexión basada en los textos de los Evangelios, que sirven para renovar la fe, la esperanza y la caridad. A continuación, exponemos las palabras pronunciadas por el titular de la diócesis de Getafe.

    La Cuaresma es el camino de la Pascua. Durante 40 días nos preparamos para celebrar la memoria de la Resurrección de Cristo, en la noche santa de la Pascua en la que también renovamos los compromisos de nuestro Bautismo. Este tiempo es un verdadero catecumenado que nos lleva a la fuente misma de la fe que bebemos en la celebración de los Misterios, de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

    En la Iglesia antigua los catecúmenos que durante un largo tiempo se preparaban para recibir el Bautismo, vivían en la Curesma la última etapa del camino que les conducía a la fe. Y lo hacían siguiendo las enseñanzas de la Iglesia que se celebran en la liturgia cuaresmal. Podemos suponer cómo vivían los catecúmenos este momento, como el sediento que va próximo a la fuente o el peregrino que ve en el horizonte la meta y renueva así la ilusión ante la esperanza de alcanzar el deseo de su corazón.

    De aquí que toda la liturgia de la Cuaresma sea un camino catecumenal para todos, también para los que hemos sido bautizados y vamos a celebrar estos misterios de nuestra fe en la Semana Santa. La palabra de Dios de cada domingo junto a las oraciones y los signos litúrgicos en general, nos ayudan a recorrer este camino al tiempo que marcan las etapas que debemos realizar hasta la renovación de nuestro Bautismo.

    El primer domingo de Cuaresma se destaca siempre por el relato de las tentaciones de Jesús. Hay dos motivos. Primero porque el primer paso de la vida Cristiana siempre es la conversión, que no es cuestión de un momento puntual, sino un proceso que abarca toda la vida. ¿Cuándo hemos de convertirnos? Siempre, porque es poner a Dios en el centro. Esto supone que mi vida está en torno a Él.

    El segundo motivo es el reconocimiento que la vida humana siempre es probada. En concreto en la vida cristiana siempre existe la tentación. Se supone que hemos hecho una opción por Cristo en el Bautismo, pero no es el final. Tenemos que renovarlo en cada momento de nuestra vida. Es la lucha contra nuestras tendencias naturales y la falta de freno para no sucumbir en nuestra lucha contra el pecado y nos aparta de la llamada de Dios.

    Tanto el catecúmeno que se prepara para recibir el Bautismo como los que lo renovaremos en la Vigilia Pascual, no podemos olvidar que la vida es un combate espiritual, donde la prueba es condición de crecimiento. San Antonio Abad, padre de la Iglesia antigua de Oriente, consideraba la tentación como un nelemento necesario para el crecimiento espiritual hasta decir que quien no es tentado no será salvado.

    No podemos olvidar que la vida cristiana tiene su fundamento en Cristo. Por eso, vamos a detenernos en el Evangelio y contemplar los relatos de las tentaciones. En concreto en el relato de San Marcos. Un texto brevísimo que podemos completar con los Evangelios de San Mateo y San Lucas.

    San Marcos solo dedica dos versículos a hablar de las tentaciones de Jesús. Nos dice que el espíritu empujó a Jesús al desierto donde estuvo 40 dias, y fue tentado por Satanás. Termina diciendo que vivía con las fieras y los ángeles le servían. La aparición de las fieras y los ángeles en el texto son una referencia clara al primer Paraíso que el hombre perdió por el pecado. En el desierto, Cristo en su Pascua ha hecho presente el Paraíso de la salvación.

    Las tentaciones de Jesús siempre aparecen en el Evangelio después del Bautismo. Si el Bautismo en el que Jesús es ungido por el Espíritu Santo es como la investidura formal de su misión, dice el Papa Benedicto XVI en su obra 'Jesús de Nazaret', la tentación es una prueba de su identificación con el hombre y con el drama de su existencia.

    Podemos decir que las tentaciones son una consecuencia del misterio de la Encarnación. La tentación en Jesús será una constante, ya que quieren desviarle del sentido auténtico de su misión. Toda tentación pretende apartar a Dios, hacerlo secundario y hasta molesto para la existencia humana.

    Satanás nunca va de frente. Nunca se trata de Dios o el Diablo, sino de vaciar la presencia de Dios y su acción salvífica sobre el hombre. El tentador siempre finge el bien reduciéndolo a pura bonomía, a lo posible, a la sola caacidad humana... es decir, todo comienza en mí y termina en mí.

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    En los Evangelios de Mateo y Lucas aparecen las tres tentaciones de Jesús. Vemos su lucha interior para cumplir su misión y por otra lo que verdaderamente importa de la vida humana. En la primera tentación, el tentador le dice a Jesús: “Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. En este Evangelio se une que Jesús tenía hambre tras 40 días de ayuno. Este mismo desafío lo encontramos en otros lugares del Evangelio.

    En la interpretación del pensamiento moderno, bien del existencialismo ateo, mejor que Dios no exita porque con todo el mal que hay en el mundo, si es bueno no es poderoso y si es poderoso no es bueno. O el Marxismo que cifra la redención en la erradicación del hambre o en la solución de los problemas sociales.

    Y pensemos que esto no ocurre solo esto en los ambientes alejados de la fe. Nosotros los cristianos lanzamos esta interpelación a la Iglesia. ¿Por qué vale la Iglesia en su misión en el mundo, por o que hace en el campo social o porque cada día nos da a Cristo? Ante los problemas sociales que sufren los hombres como el hambre, somos especialmente sensibles. La fe nos tiene que llevar a saciar el hambre a los hombres y hacer que cada uno viva según la dignidad que le es propia. ¿Cuál es el camino para llegar ahí?

    ¿No es descubrir la lógica del don? ¿No es descubrir nuestra condición de hijos y por tanto de hermanos? La respuesta de Jesús es que no solo del pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, no es una huida, sino el camino que lleva a la práctica de la verdadera caridad, que no es un camino, sino un Don.

    En la segunda tentación, el tentador cita a la escritura como argumento de autoridad. Utiliza la palabra de Dios para llevsar el agua a su molino. Intenta tocar la vanidad que se esconde en todo hombre, pero no en Jesús. Intenta poner a Dios a nuestro servicio, exigiendo cuando debe actuar. Buscar el tentador que Dios se rinda a nosotros.

    La tercera tentación es el poder a costa de lo que sea, incluso del mal. Es emplear los medios necesarios para sentirme bien. Es el rechazo del sufrimiento y debilidad como camino de la salvación. Trata de poner a Dios al servicio del poder.

    Las tentaciones de Jesús son las nuestras, y en Él tenemos el modelo y la fuerza para vencerlas. Jesús nos enseña que la victoria de las tentaciones no está en ignorarlas, sino en vivir en el amor filial.

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