Boletín

SANTORAL 23 AGOSTO

Rosa de Lima: una santa sencilla que compaginó Fe y vida cotidiana

Santa Rosa de Lima se llamó de origen Isabel y en su confirmación adoptó el de Rosa.

Santa Rosa de Lima

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 23 ago 2019

La naturalidad se recrea en multitud de Santos que caminan por esa senda, pero lo más inaudito de todo ello es que no se les nota. Buscan las Santidad y al alcanzan poco a poco, pero sin saberlo. Hoy celebramos a Santa Rosa de Lima, mujer humilde y sencilla como pocos. Nacida el 30 de abril de 1586, sus padres le pusieron el nombre originario de Isabel. 

Estando en Quites, provincia de Canta, al Noroeste de la capital peruana, donde su padre gobernaba unas tierras, es confirmada por el Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, llamándose a partir de entonces Rosa. En 1606, recibe el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo, ingresando en el Convento donde hacía diariamente su oración. La vida de Rosa se desarrolló, desde entonces, en el ambiente religioso de Perú.

Su tiempo en casa, siempre transcurría en medio de un clima espiritual y de ofrecimiento del trabajo cotidiano. A pesar de no ser la mayor de los hermanos, siempre decidió ser ella la que sostuviese a los demás dentro del hogar. Dentro de sus grandes virtudes se señala la obediencia, algo que siempre trató de cumplir, pidiendo, incluso, perdón a sus padres y superiores por cuantas veces no lo había hecho.

Todo estos estuvo impregnado de la humildad a la que aludíamos antes, y que siempre presidió todos sus gestos y acciones impregnados de caridad, centrados en la ayuda a las almas para alcanzar la salvación y en el socorro a los pobres desde las obras de misericordia. En todo esto siempre estuvo presente su espíritu de austeridad, penitencia. Su vida coincide con San Martín de Porres al que conoció y admiró por su Santidad de vida. Muere en 1617 cuando contaba con sólo 31 años. Es Patrona de Las tierras hermanas del Nuevo Continente.

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