Boletín

SANTORAL 9 JULIO

El santo misionero dominico que llevó a Cristo en medio de la guerra

Juan de Colonia predicó la Fe en Holanda. Cuando es arrestado junto a otros compañeros, celebran la Reconciliación y la Eucarístia antes de morir

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Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09 jul 2019

Siempre hay que entender que un Santo está al servicio de Dios y de los demás entregándose totalmente hasta el final. Tiene claro que su amor ha de ser hasta el extremo como muestra el Señor. Y debe plantearse si fuese necesario, dar la vida por las ovejas. Siempre ha de salir a flote la idea de que el discípulo no puede ser menos que el Maestro

Hoy precisamente conmemoramos a un Santo que vivió esa caridad y esa entrega en grado sumo. Es San Juan de Colonia. Su historia se desarrolla en el siglo XVI y es de origen alemán. Su vida estaba hecha para Dios con ese corazón ardiente de servir a Cristo. Su vocación queda marcada en la Orden de Predicadores, en los Dominicos. Allí entra. Por entonces, llegan tristes noticias de conflictos en Holanda.

Los independentistas holandeses se retan a duelo y luchan contra las tropas del rey Felipe II. El problema hace sufrir y pasarlo mal a muchos religiosos que se encuntran en esa zona. Admirado por esa realidad, cree que su puesto está en la parte holandesa acompañando a cuantos sufren y esparciendo la Fe desde el carisma de Santo Domingo de Guzmán. Una vez allí se entera de la penosa realidad. Los independentistas flamencos están tan irritados que no quieren oír hablar de nada relacionado con el catolicismo y si pudieran lo erradicarían de la vida pública.

Las ciudades por donde él predica y vive caen en manos de los independentistas. Cualquier religioso o católico es apresado. Juan de Colonia es arrestado con otro grupo de compañeros y van a la cárcel. Presintiendo que llega el momento de dar la vida, celebran el Sacramento de la Reconciliación y reciben la Sagrada Comunión. Un día llega una normativa oficial pidiendo respeto para los sacerdotes y religiosos, pero no hacen caso y Juan de Colonia, junto a otros diecinueve compañeros, son ahorcados muriendo por el Señor Jesús.

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