SANTORAL 23 OCT

San Juan de Capistrano: el mundo se le quedaba pequeño sin Dios

Juan llegó a gobernador gracias a sus habilidades. Se acabó dando cuenta de que lo único que no gobernaba era su vida. Por eso, se la dio a Jesús. 

San Juan de Capistrano: el mundo se le quedaba pequeño sin Dios

San Juan de Capistrano: el mundo se le quedaba pequeño sin Dios 

Madrid

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 12:36

La vida siempre da muchas vueltas y uno puede empezar en las cosas del mundo para acabar con las cosas de la Fe. Es el caso del Santo que hoy celebramos, San Juan de Capistrano. Su nacimiento es en 1386 en Los Abruzzos, una zona de Nápoles, en Italia.

Su capacidad de estudio siempre le hizo brillante en todos sus estudios. Su aspiración era conseguir los mejores puestos humanos. Conquistar cualquier gloria humana. Y parece que lo va consiguiendo. Su prestigio es grande.  Algún cargo importante le va a tocar. Y así fue. En Peruggia hace falta un gobernador y Juan de Capistrano tiene todos los papeles para que le elijan. Lo hará bien, piensan. Y empieza su gestión. Pero la situación se complica por momentos. Sobre todo, porque hay rencillas y pleitos con algunos pueblos de alrededor. Juan debe poner orden ya que para eso es gobernador. La situación se soluciona.

Nadie sabe por qué, pero las cosas de la Providencia funcionan de distinta forma que las humanas. Y como de los males se sacan bienes, Juan reflexiona y entiende que ese mundo al que está dando su vida, es mera vanidad. Que hay que saber vivir y administrar las cosas de la tierra, pero con miras altas. Las que tiene en ese momento al acercarse a la Orden franciscana. Atrás quedan las cosas que había hecho mal. Conjuras y conspiraciones enturbiaban su vida al más puro estilo de los publicanos del Evangelio. Pero eso ya había pasado y en ese momento debía seguir la senda de la pobreza.

Para ello contaba con un maestro en su orden con fama de santidad, que era San Bernardino de Siena. Ahora se desvivía por el pueblo fiel y cuidaba a las almas. Era consciente de las muchas desviaciones doctrinales que azotaban Europa y era necesario proteger de ellas a los fieles. Muere después de un apostolado fecundo en 1456 y víctima de la peste.

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