
Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura0:49 min escucha
Dios muestra con claridad en el Evangelio que si “alguien se pone de su parte ante los hombres, también Él se pondrá de su parte ante el Padre del Cielo”. Hoy recordamos a San Sebastián. Su vida transcurre en el siglo III y su entrega fue por confesar a Cristo y ponerse de parte de Él. Su vida transcurre en el siglo III.
Entra en el Ejército Romano, para ayudar a los cristianos perseguidos. Su cargo de Capitán Imperial, le hará si cabe mayor defensor de la causa de Cristo. Eran momentos convulsos, pero él no tenía ningún miedo al sentirse protegido por el Señor.
Sin ningún problema, sigue dando testimonio, aun a riesgo de ser reconocido. Pero no le importa. Descubierto y denunciado ante el Emperador Maximino éste le pone en una disyuntiva: Si acepta ofrecer un sacrificio a los ídolos será ascendido, mientras que si persiste en su creencia será condenado a muerte.
Cuando él proclama su Fe con toda claridad, es llevado a un árbol donde será asaeteado. Hay un momento en el que le dan por muerto. Pero recogido por unos cristianos y curado, poco después volverá a ser detenido.
El motivo es que, en lugar de huir, se siente llamado a defender la Fe en el Señor Jesús. Y sin ningún miedo se presenta ante el Emperador. Esta vez muere por culpa de los azotes que recibió. Es la manera con que dió Gloria a Dios hasta llegar al Paraíso Eterno. Pronto levantarían en Roma una Basílica dedicada a San Sebastián.





