Melchor Sánchez de Toca, relator del Dicasterio para las Causas de los Santos: "La sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos"
El autor de 'Los mártires que no fueron' ha explicado en 'Ecclesia al día' en TRECE que en su obra narra la vida de quienes se prepararon para morir como mártires, pero sobrevivieron a la persecución religiosa de los años treinta

Reconocimiento de cadáveres de los españoles asesinados en Paracuellos en 1936
Madrid - Publicado el
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No todos los que mueren en una persecución religiosa son mártires ni tampoco todos los que la sufren alcanzan la palma del martirio. Bajo esta premisa, Melchor Sánchez de Toca, relator del Dicasterio para las Causas de los Santos, ha construido su último libro, 'Los mártires que no fueron'. La obra se adentra en las historias de aquellos que él denomina "mártires frustrados": personas que se habían preparado psicológica y espiritualmente para morir por su fe durante la persecución religiosa en España en los años treinta, pero que, por diversas circunstancias, sobrevivieron.
La idea del libro surgió de su propio trabajo en el Vaticano, donde llegaron a sus manos las causas de beatificación de personas que murieron en esos años sin ser consideradas mártires en sentido estricto o lograron sobrevivir a la contienda. Sánchez de Toca ha centrado su atención en este segundo grupo, aquellos que "pasaron por la experiencia de la cárcel, de las checas terribles. Algunos, incluso, fueron fusilados y sobrevivieron. Se liberaron por circunstancias providenciales". Para ellos, la supervivencia no fue un accidente, sino la antesala de "una misión en el futuro".
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Uno de los aspectos que aborda el libro es la legitimidad de la huida ante el peligro. La Iglesia, explica el autor, sostiene que escapar de una persecución "no es ilícito ni menos perfecto, porque está la obligación de salvar la propia vida". La situación cambia si la alternativa es apostatar o morir.
Durante la Guerra Civil, muchos intentaron ponerse a salvo mediante operaciones de alto riesgo. Algunos buscaron cruzar la línea del frente, otros atravesaron los Pirineos para reingresar en la zona sublevada, y otros consiguieron pasaje en barcos fletados por delegaciones diplomáticas. Figuras hoy conocidas como el beato Álvaro del Portillo vivieron estas odiseas para sobrevivir.
Rostros de la supervivencia
El libro desgrana numerosas historias personales, algunas de grandes figuras de la Iglesia en España y otras anónimas, como la de su propio abuelo. Entre todas, Sánchez de Toca destaca dos por su singularidad. La primera es Carmen Hidalgo, fundadora de las Oblatas de Cristo Sacerdote. Como miembro de la red clandestina de apoyo a la Iglesia en Madrid, estuvo a punto de morir en dos ocasiones, pero tanto ella como su hermana se salvaron "inexplicablemente" de una redada en la que otras compañeras fueron detenidas, torturadas y asesinadas.

Un grupo de milicianos custodia a unas religiosas en Alcalá de Henares, durante los primeros días de la Guerra Civil
La otra figura es Guillermo Rovirosa, un "místico y apóstol del mundo obrero" que, tras su conversión, dedicó su vida a combatir un cristianismo superficial. Curiosamente, Rovirosa pasó la guerra sin ser molestado pese a haber montado una capilla clandestina en su empresa, pero fue encarcelado al terminar el conflicto, acusado de republicano. Su historia, según el autor, es "apasionante" y su mensaje de una enorme actualidad.
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El rasgo común que une a todos estos protagonistas es que contaban con la posibilidad del martirio. La persecución no fue un fenómeno exclusivo del periodo entre 1936 y 1939.
Como señala Sánchez de Toca, desde la quema de conventos en mayo de 1931, pasando por la Revolución de Asturias en 1934, la violencia contra la Iglesia era una realidad. Personajes como sor Justa Vidaurreta, superiora de las Hijas de la Caridad, ya hablaban de martirio en 1932.
Conectando estas historias del pasado con la actualidad, donde se calcula que hay 250 millones de cristianos perseguidos, el relator vaticano rescata un mensaje de esperanza. Recuerda el caso de un mártir fusilado en Valencia que perdonó a sus verdugos con una profecía: "Sabed que por cada gota de nuestra sangre, dentro de 10 años habrá una nueva vocación al sacerdocio". Según Sánchez de Toca, "así fue". Este convencimiento se resume en la célebre frase de Tertuliano que él mismo evoca como cierre: "La sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos", una máxima que, afirma, se ha cumplido en todos los momentos y contextos de la historia.
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