Una palabra con autoridad

Una palabra con autoridad
Madrid - Publicado el - Actualizado
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"Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande. Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre" (Dt 18, 18-19). El oráculo anuncia que Dios enviará a su pueblo un profeta semejante a Moisés.
Esa decisión de Dios exige del pueblo la disposición y la responsabilidad necesarias para escuchar lo que el profeta transmita de parte de Dios. Y, al mismo tiempo, exige del mismo profeta la fidelidad en la transmisión de la palabra que se le confía. De ningún modo deberá caer en la arrogancia de atribuir a Dios lo que es tan solo su opinión personal.
Evocando ese mensaje, escuchamos la exhortación que nos transmite el salmo responsorial: "Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94). También las advertencias sobre el matrimonio que san Pablo escribe a los Corintios nos invitan a prestar atención al mensaje y a las cosas de Dios (1 Cor 7, 32-35).
EL ASOMBRO
El evangelio de Marcos que se proclama en este domingo cuarto del tiempo ordinario (Mc 1, 21-28) nos lleva a la sinagoga de Cafarnaún en un día de sabado. Jesús toma la palabra y todos quedan asombrados al oírle. Realmente, enseña con autoridad, no como los escribas, que siempre se apoyan en las opiniones de otros.
LA LIBERACIÓN
Las palabras que Jesús pronuncia en la sinagoga de Cafarnaún producen en los que escuchan un asombro que nace de su verdad y del gesto que las acompaña. En efecto, entre la asamblea hay un hombre poseído por un espíritu inmundo, al que Jesús interpela con fuerza.
Señor Jesús, creemos que tú eres el profeta que fue anunciado por medio de Moisés. Reconocemos tu autoridad y deseamos escuchar con atención tu palabra. Te damos gracias porque sabemos que te fijas en las necesidades y el dolor de cada uno. Y porque has venido a liberarnos del mal. Bendito seas por siempre. Amén.





