Invitados a la fiesta es el título de la reflexión homilética para el domingo 28 del tiempo ordinario, A, (15-10-2017)

Invitados a la fiesta es el título de la reflexión homilética para el domingo 28 del tiempo ordinario, A, (15-10-2017)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Invitados a la fiesta es el título de la reflexión homilética para el domingo 28 del tiempo ordinario, A, (15-10-2017), por el sacerdote y teólogo José-Román Flecha Andrés
"Aquel día preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos" (Is 25,6). En este poema el profeta Isaías ve a Jerusalén como el santuario al que se dirige la peregrinación de todos los pueblos.
Para todos los que llegan cansados del camino, hambrientos y exhaustos, Dios tiene preparado un espléndido banquete. Y no solo eso. El Señor liberará a los pueblos de su ignorancia y de sus dolores. Es más: los liberará del último mal que es la muerte. Dios invita a todos al festín de la vida y de la alegría.
A esa promesa, que se hace actual en la eucaristía, respondemos con el salmo 22: "Tú bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término". Como escribía san Pablo a los fieles de Filipos, también nosotros podemos decir: "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Flp 4,13).
UNA DOBLE INVITACIÓN
La comparación de la era mesiánica con un banquete, utilizada ya por el poema del profeta Isaías y también por el evangelio de Mateo (Mt 8,11-12), reaparece en el evangelio que se proclama en este domingo. Un rey celebra la boda de su hijo y envía mensajeros a dos grupos de invitados.
EL VESTIDO DE BODA
La parábola señala que la sala se llenó de comensales. Pero el rey repara en uno que no ha llegado con traje de fiesta. Y lo interpela con seriedad:
– Padre nuestro, tú sabes que con frecuencia nos hemos sentido desorientados ante las encrucijadas de este mundo. Te damos gracias por habernos invitado a la fiesta de tu Hijo. Ayúdanos a vivirla con responsabilidad y con fidelidad. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
José-Román Flecha Andrés





