Homilía en la misa de visita de la imagen de la Virgen de Fátima a Buenafuente, 1-2 de mayo 2017

Homilía en la misa de visita de la imagen de la Virgen de Fátima a Buenafuente, 1-2 de mayo 2017

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Homilía en la misa de visita de la imagen de la Virgen de Fátima a Buenafuente, 1-2 de mayo 2017

Ante la imagen de la Virgen de Fátima nos vienen a la memoria dos referencias bíblicas, una relacionada con la Madre de Jesús, otra referida a los pastorcitos que tuvieron el privilegio de ver a la Virgen.

En relación con María, la Madre de Jesús, en la representación que de ella se hace en Fátima, recordamos diversos textos: "Se abrió en el cielo el santuario de Dios, y apareció en su santuario el arca de su alianza. (Ap 11, 19) "Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (Ap 12, 1). "¿Quién es esta que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol?" (Cant 6, 10).

Y al contemplar la imagen de Nuestra Señora, nos surge el salmo: "? de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir. Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor" (Sal 45, 10-12). Y nos resuena: "Hija, que el Dios altísimo te bendiga entre todas las mujeres de la tierra" (Jd 13, 18). "Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el orgullo de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo" (Jd 15, 9).

Y respecto a los pastorcitos me viene a la memoria lo que dijo Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25). "En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí" (Mt 18, 3). "Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos"(Mt 19, 14).

Sin duda, el canto de María se une con la identidad de los niños: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava y enaltece a los humildes" (Lc 1, 46-52). "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt, 5, 8).

Al recordar las palabras que el Ángel les enseñó a los tres pastorcitos en Fátima: "Dios mío, yo creo, adoro, espero, y te amo", me asalta la duda de si estas expresiones las puede comprender un niño de la edad de Jacinta, de Francisco y de Lucía. Al recibir la imagen peregrina de La Virgen de Fátima, he tenido ocasión, después de decirlas en la homilía de la misa, en la que delante de mí había un grupo de niños sentados en el suelo, de preguntarles después, por la noche, si habían comprendido el mensaje del Ángel a los pastorcitos. Una niña dijo: "Yo tengo la edad de Jacinta", y me repitió enteramente las palabras del Ángel". Y añadió: "Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman". En este momento intervino un adulto, que me preguntó: "¿Por qué tengo que pedir perdón por lo que yo no he hecho?". A lo que le respondí: "Si en una familia, un hijo sale rebelde, quizá otro redobla su cariño a sus padres. No es cuestión de asumir culpas, sino de amar más. Y en este sentido, al seguir preguntando a los niños sobre las palabras del Ángel, quise saber si habían comprendido lo que significaba adorar, a lo que me respondió un muchacho: "Dar un beso". En definitiva, en esto consiste la fe, en saberse amado de Dios y en amar. Y hoy nos hemos sentido amados de Dios, al poder acoger la imagen de Nuestra Señora llegada de Fátima.

Foto: Procesión de antorchas con la imagen peregrina de la Virgen de Fátima, a su paso por Buenafuente.

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