Homilía de José-Román Flecha para el domingo 22 Tiempo Ordinario, B, 30-8-2015

Homilía de José-Román Flecha para el domingo 22 Tiempo Ordinario, B, 30-8-2015
Madrid - Publicado el - Actualizado
2 min lectura
Homilía de José-Román Flecha para el domingo 22 Tiempo Ordinario, B, 30-8-2015
"El mandamiento y la tradición" es la reflexión homilética del teólogo y sacerdote José-Román Flecha Andrés para el Domingo 22º del Tiempo Ordinario. B., 30 de agosto de 2015
"Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir? No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada. Así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy" El texto del Deuteronomío que hoy se lee en la celebración de la Eucristía pone estas palabras en los labios del mismo Dios (Dt 4, 1-2.6-8).
A continuación se añade algo muy importante. Estos mandamientos son fuente y prueba de sabiduría y de inteligencia. Para la mentalidad de hoy, los mandamientos son imposiciones venidas de fuera de la persona. Se piensa que no garantizan la dignidad del ser humano ni respetan su derecho a la libertad. Así que transgredir los mandamientos sería casi un deber moral.
Esta conclusión puede sonar a blasfemia, pero así piensan muchos vecinos nuestros. Y así actúan. Creen que guardar los mandamientos los esclaviza. Claro que a veces son los demás los que se saltan los mandamientos, y esa transgresión les causa daños y perjuicios. Entonces estos enamorados de la libertad ponen el grito en el cielo? y nunca mejor dicho.
HASTA EL CODO
A los mandamientos se refiere también Jesús en el evangelio de este domingo (Mc 7, 1-23). El motivo es una pregunta de los fariseos y algunos escribas de Jerusalén: "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?"
Decían verdad, porque lo que estaba en juego no era un mandato de la Ley de Moisés sino una tradición oral que había ido exagerándose con el tiempo. El evangelio de Marcos incluye una nota para explicar la costumbre de los fariseos y los judíos de lavarse las manos "hasta el codo" (cf. Mc 7, 3-4).
A aquella interpelación de los escribes y fariseos, Jesús responde con acritud: "Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a las tradiciones de los hombres". Era evidente que los acusadores habían falsificado la verdadera escala de valores. Los presuntos defensores de la Ley divina, la olvidaban al conceder una importancia superior a una tradición humana.
Para apoyar su veredicto, Jesús retoma un oráculo del mismo Dios, transmitido por el profeta Isaías: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos".
FUERA Y DENTRO
Pero Jesús no es solo un acusador de la hipocresía humana. Es, sobre todo, un buen maestro. Por eso, aprovecha esta ocasión para enseñar algo a toda la gente:
José-Román Flecha Andrés





