Dos modos de orar, reflexión homilética, domingo 30, por José-Román Flecha Andrés (27-10-2019)

Dos modos de orar, reflexión homilética, domingo 30, por José-Román Flecha Andrés (27-10-2019)

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia". Esta afirmación del libro del Eclesiástico (Eclo 35, 15-22) recoge una convicción que atraviesa las páginas de la Biblia. Los pobres del Señor son aquellos que solo en Dios encuentran escucha y apoyo.

La prensa de todos los días nos da cuenta de injusticias sangrantes, de conspiraciones de unos estados contra otros, de trampas de todos los tipos. El mensaje bíblico nos recuerda que "El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre y escucha las súplicas del oprimido".

De esta convicción se hace eco el salmo que hoy resuena en nuestra asamblea: "El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él" (Sal 33,19.23).

También san Pablo confiesa a su discípulo Timoteo que Dios es un juez justo, que libra del mal a quien confía en él (2 Tim 4,6-8.16-18)

MILAGROS Y HUMILDAD

Tras evocar la invocación de los leprosos a Jesús y las súplicas que una viuda dirigía al juez injusto, el evangelio según san Lucas nos presenta en este domingo la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). Con ella Jesús nos enseña que la oración no siempre responde a la verdad de la persona. Solo la piedad humilde es verdadera, como lo indica la comtraposición de los dos protagonistas.

Con razón escribió el padre Alonso Rodríguez que "mejor es el humilde que sirve a Dios que el que hace milagros".

CAMINAR EN HUMIDAD

Jugando con las palabras, se podría decir: "Dime cómo oras y te diré a qué Dios adoras". Tanto el fariseo como el publicano creen en Dios. Jesús nos dice que el publicano alcanzó la justicia y la santidad de Dios. Con ello nos invita a preguntarnos cómo imaginamos a Dios y cómo nos comprendemos a nosotros mismos.

– Señor y Padre, tú conoces nuestras acciones y conoces también el espíritu con el que las llevamos a cabo. Tú conoces nuestra verdad. Demasiadas veces pretendemos justificarnos ante ti. Ten piedad de nosotros y ayudanos a caminar en la humidad. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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