Así vive un campamento cristiano su conexión con Dios en la cordillera pirenaica

En medio de la naturaleza cada año la Juventud Alegre de Sarrià levanta un campamento donde acuden centenares de niños

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En el pirineo catalán, en medio de un páramo paradisíaco, en el valle de la Llosa, Cataluña, encajado entre la sierra de Santa Ana y la ladera de la Tossa Plana se descubre una explanada en la que se asienta un campamento. En él, los caminantes que trazan el sendero que pasa al otro lado del río no ven más que un conjunto de tiendas, un seguido de carpas levantadas a base de cuerdas, estacas y troncos que hacen las veces de columnas y pilares y, en medio de todo, un mástil.

Una gran columna que sujeta la bandera que hondea con los colores del Vaticano y, a su lado, una gigantesca e imponente figura de unos 15 metros. Se trata de otro mástil con un travesaño cruzado en la parte superior y encima una especie de dibujo trazado con cuerdas que parece representar una figura humana; es Jesús en la cruz.

¿Qué es?

Lo que ven los caminantes y donde COPE se ha adentrado este verano para verlo más de cerca es el fruto del trabajo de la Iglesia en el barrio de Sarrià en Barcelona. Lo que ven es el JAS (Juventud Alegre de Sarrià), un esplai cristiano comandado por jóvenes católicos de entre 18 a 22 años en Barcelona. Un esplai asociado al Movimiento Centro de Esplais Crstianos Catalanes y que preside la Parroquia Sant Vicenç de Sarrià.

Hoy está organización se ha convertido en uno de los esplais de referencia en la capital catalana, con 45 años de historia se ha postulado como uno de los centros más importantes de Barcelona. En él, cada año, centenares de niños y niñas de la ciudad realizan actividades y excursiones durante todo el año que organizan los jóvenes voluntarios que dirigen el día a día del esplai. Toda se realiza fundamentado en los tres pilares básicos de esta entidad cristiana: familia, montaña y Dios.

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Y con lo que se topan los alpinistas cuando siguen el camino adecuado es con el campamento del JASque durante la segunda quincena de julio se levanta en el valle de la Cerdaña, en Girona.

COPE ha visto como durante dos semanas los niños y adolescentes del esplai, de entre 10 a 17 años, conectan con la naturaleza de una forma muy salvaje y se desprenden de todo lo material. En la montaña no hay teléfonos, tabletas o consolas, tampoco se encuentran las comodidades de la ciudad. Hemos comprobado como la cahavalería aprende a desconectar del mundo que conoce y se adentra en el monte donde sus monitores les enseñan a reflexionar y amar.

¿Qué es lo que hacen los niños y niñas en el campamento del JAS?

La pregunta sería: ¿qué no hacen?. Durante quince días los niños se levantan a las 8 de la mañana y acuden con el resto del campamento a desayunar en el comedor que han levantado los jóvenes en medio del llano. Una estructura erigida a base de mástiles falcados y carpas, utilizando herramientas como mazas o hachas. Una vez desayunados, cada tanda -los grupos en los que se dividen por edades los niños del campamento- realizan la actividad de la mañana. Para los más pequeños tanto en la actividad de la mañana como la de la tarde suelen realizarse juegos aprovechando la orografía del lugar. Para los más mayores las actividades se enfocan más en la reflexión, en trabajar la persona y los sentimientos de cada uno, la relación con sus amigos, con la familia y con Dios. Cada jornada el campamento entero trabaja un valor cristiano y todo, ese día, gira alrededor del perdón, la amistad, la resiliencia y otros valores.

Al final del día, quizá, se produce el momento más bonito de este periplo del que nos han dejado ser partícipes. Después de cenar las 250 personas que forman este curioso campamento se reúnen y a grito pelado durante hora y media cantan y se divierten antes de despedir el día realizando una plegaria en la que participan en voz alta casi todos los niños. Luego se van a dormir y esperan la llegada de otra frenética jornada.

Pero no todos los días son así, nos cuentan que durante tres días cada tanda realiza una travesía por los imponentes montes del Pirineo catalán. Este año ha destacado la excursión de los más mayores (16-17 años) quienes tras más de 60 kilómetros recorridos coronaron el Carlit, Francia, al amanecer del tercer día, un momento que aprovecharon para rezar y conectar con Dios ante el espectáculo cromático de la salida del Sol.

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El último día, el más triste, tiene lugar la jornada en la que llegan los padres para recoger a los niños que en muchas ocasiones, entre lágrimas, se despiden hasta octubre, cuando vuelve el JAS. También es el día en el que COPE se despide de todos los niños y sus monitores. Estos últimos aún seguirán tres días más en el canpamanto para dejar el campo tal y como se lo encontraron, intentando que la huella y el paso del ser humano por el monte incida y repercuta lo menos posible en la naturaleza.

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