"El abanico, el rosario y el breviario de Castelo"

"El abanico, el rosario y el breviario de Castelo"

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

5 min lectura

"El abanico, el rosario y el breviario de Castelo"

José Miguel Santiago Castelo, acaba de morir y pasar por la agonía para llegar a la luz esperada en su alma más profunda. Su gran amigo de Prada nos cuenta, desde el dolor de estar lejos, su cariño y su amistad de poeta, escritor, periodista y de hermano con Castelo, y nos revela datos entrañables del saber morir de este poeta abriéndose a la muerte abrazándose a su infancia. El detalle es sencillo: Abanico, breviario y rosario.

Los une a su enfermedad y a su espera. Al oír estos detalles no puedo menos de volver a mi infancia, cuando mi abuela Victoria en la etapa final de su enfermedad tenía en su mesilla, ella que no era de mucha lectura, un devocionario con la novena a san José para pedirle la buena muerte, y su rosario en la mano sin cansarse de rezar avemarías, postrada en la misma cama a la que dobló sus varales con el dolor de ver morir a su hijo joven, mi tío Josele. También viene a mi memoria el libro del psiquiatra y pintor Vallejo-Nájera, titulado Puerta a la esperanza, que fue escribiendo a lo largo de su enfermedad donde revelaba que lo que más le calmaba y pacificaba, en el dolor y en la tensión de la agonía de su enfermedad, era repetir despacio las oraciones que de pequeño le enseñaba su madre.

Castelo es un nuevo testimonio de la desnudez en la última etapa al encuentro con la muerte y la vida, él mismo confiaba al cura Granja de Torrehermosa, hace un año, cuando ya sabía de su enfermedad, que lo había tenido todo, más de lo que hubiera soñado y merecido, pero que nada de eso le llenaba ahora, que toda su vida se centraba en la esperanza como deseo y tesoro.

Desde ahí le pedía que lo tuviera presente en la Santa Misa del Domingo en el altar y le escribía cuando comenzaba la procesión del Cristo del Humilladero para que lo pusiera a sus pies con sus rezos procesionales. El aire del abanico, como lo movía su madre, las cuentas del rosario como rezaban en grupo la maestra modista y sus aprendices en su casa de la Calle Maguilla, y el breviario que nunca caía de las manos del aquel párroco y aquellos curas instruidos y piadosos, con su genio propio, han sido sus calmantes y los cuidados mas paliativos para su espíritu y su alma, en la entrega de su cuerpo. Y ahora vuelve, desde esa infancia, desnudo a la tierra que desnudo lo vio nacer, vuelve sencillo, libre, piadoso, con temor de Dios y serena confianza.

En estos días he recordado la conversación última con él, estando ya enfermo. Al enterarse de la muerte de mi madre y leer el escrito "in memoriam" de nuestro paisano Paco Tejada, por teléfono me manifestó que sentía cariño por mi madre, porque en sus éxitos había sentido la cercanía de mucha gente, pero recordaba agradecido que cuando llegaba las primeras veces al pueblo, cuando todavía era anónimo y pertenecía a los empedrados de la casa de calle Maguilla, era ella una de sus más fieles seguidoras y aplaudidoras en todas sus presencia en el pueblo.

Ahora al saber de su muerte, enseguida pienso que la Dolores de Villagarcía -mi madre- le habrá recibido junto a la gran Encarna Castelo -su madre-, y todos los granjeños gloriosos, en la gloria soñada de su alma de poeta entrañable de carne y tierra. Cuántas veces miró con deseo escatológico el cementerio de nuestro pueblo, ese dormitorio de las almas, donde yacían los nuestros aguardando una plenitud que nuestro amor deseaba para ellos. A él quiso traer los restos de su padre, madre, hermana, dejando hueco preparado para él mismo, para unirse a ellos en la esperanza de un Dios crucificado en el humilladero y de una Madre en la soledad del dolor tras su cruz, de pie, desde una religiosidad que en él era mezcla de lo popular y lo entrañable, en la belleza de la lírica hecha poesía para gritar los sentimientos de un pueblo: en el dolor y la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, en la luz y en la oscuridad, en el canto y en el baile, en el lamento y en el luto, en la risa y la sonrisa, en la mueca del dolor y en los callos de campesino, en la joven y en su novio, en la niña y en el abuelo.

Testigo y pregonero de la historia de la gente y de la propia, mezclando un pasado inolvidable y sentido, un presente acariciado y gozoso, y un futuro que, aun escapándose de sus manos se le antojaba familiar y cercano. Siempre hizo gala de extremeño y granjeño y ahora cuando ha entrado en el horizonte de la ultimidad, viene a descansar a este dormitorio almado, con los suyos, dejando atrás todo y enterrándose desnudo en la tierra que desnudo le vio nacer con aquellos versos suyos que portican nuestro cementerio:

"Aquí lo más cierto

y lo más seguro?

Iré por la vida,

seré lo que sea.

Al final me queda

un ancho futuro

de habares y lilas,

trigal y azalea?

una rosa al aire

y un vencejo al vuelo.

Mi cuerpo en mi tierra

y mi risa al cielo"

José Moreno Losada. Sacerdote y Granjeño.

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Visto en ABC

Tracking