Ginés García Beltrán sobre la beatificación de su 'paisano' el cura Valera: "En esa sencillez residía su grandeza"

Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y originario de Huércal-Overa, repasa la figura de un hombre que ya era un santo para sus vecinos mucho antes de su beatificación

Ginés García Beltrán
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Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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La Iglesia cuenta desde este fin de semana con un nuevo beato español, el Cura Valera, originario de Huércal-Overa (Almería), quien ha sido beatificado en su localidad natal. Con motivo de la ceremonia, el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, también huercalovense, ha repasado en el programa 'Fin de Semana' de COPE la figura de este sacerdote que, asegura, ya era considerado un santo por sus contemporáneos.

Un santo de lo ordinario

Según ha explicado García Beltrán, la figura del Cura Valera "destaca por por lo ordinario, es decir, por no destacar en nada". Sin embargo, en esa sencillez residía su grandeza, ya que fue "un cura que hace de la vida de un sacerdote algo extraordinario", hasta el punto de que "sus contemporáneos, desde que era muy jovencito y hasta el final de su vida, tuvieron claro que era santo". Una convicción que ha pervivido durante generaciones.

El 'Cura de Ars' español

El obispo de Getafe ha destacado el gran parecido de su paisano con el santo Cura de Ars, el sacerdote francés canonizado en 1925. "A mí me gusta llamarlo el santo cura de Ars español", ha afirmado, señalando que eran contemporáneos y que "su figura parece mucho la del curadear". Sus similitudes se basan en una predicación que tocaba el corazón y, sobre todo, en su dedicación al sacramento de la confesión, donde se formaban "colas de gente esperando a confesar por su claridad y por su misericordia".

Otro de los pilares de su vida fue su amor a los pobres y la "cercanía a los más necesitados, a los enfermos, a los apartados de dios". García Beltrán ha relatado un gesto que define su carácter: "Cuando iba a visitar a un pobre enfermo debajo de la almohada de la cama, siempre dejaba un dinero para que pudieran seguir viviendo". Según el obispo, el Cura Valera es un testimonio de que "viviendo en la vida ordinaria [...] es donde está el verdadero heroísmo de la santidad".

Un legado popular sin escritos

La memoria del nuevo beato se ha conservado gracias a la tradición popular, ya que el Cura Valera no dejó nada escrito. Esta herencia ha calado tan hondo en Huércal-Overa que el propio obispo ha confesado no recordar cuándo oyó hablar de él por primera vez. "Cuando alguien me ha preguntado, no me acuerdo, porque forma parte de mi ADN", ha asegurado.

García Beltrán ha detallado los profundos vínculos que le unen a su figura desde niño, con un lienzo grande del Cura Valera en su casa familiar que todos tocaban al salir y entrar. Además, el sacerdote fue enterrado en el altar de la parroquia donde fue monaguillo y el instituto donde estudió lleva su nombre. "El Cura Valera forma parte de mi vida", ha concluido el obispo, expresando su deseo de que su ejemplo moldee también su vida.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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