Cenas de sopa y tortilla a la francesa

En la vida diaria, en el Tiempo Ordinario, es donde nos la jugamos. La vida cotidiana es nuestro escenario

Txomin Pérez

Txomin Pérez

Periodista Diócesis de Palencia

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:41

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Dice el Calendario Litúrgico de la Conferencia Episcopal para este año 2019: "Además de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 o 34 semanas en el curso del año, en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este periodo de tiempo recibe el nombre de tiempo ordinario".

Y os voy a hacer una confesión: me gustan las fiestas... pero me encanta el tiempo ordinario.

Acabamos de dejar atrás el Tiempo de Navidad y lo hemos disfrutado como enanos. Tener a uno de cuatro años en casa hace que este tiempo extraordinario se haga muy grande. Hay luces por las calles, los encuentros con la familia se hacen más frecuentes, tenemos infinitos momentos para estar juntos… y la alegría, la ilusión y la inocencia campan a sus anchas.

Pero me alegro un montón cuando llega el tiempo ordinario y la normalidad toma el mando. No lo hay como lo ordinario, lo común, regular y que sucede habitualmente, el tiempo que no destaca por nada especial y se encuentra en lo que se considera normal.

Las bandejas llenas de turrón, mazapanes y polvorones no son para todos los días. Si así lo fueran, acabaríamos por no disfrutarlas como merecen y cometeríamos la injusticia de no valorar lo cotidiano, lo de todos los días. Por eso, hay que dejar paso a las lentejas, los garbanzos y las patatas… a las cenas de sopa y tortilla francesa que, en su sencillez, nos dan la vida.

La opinión de

Muchas veces pienso que no hay fortuna más grande que “ser normal”. Sin pasarse por arriba ni por abajo. Y muchas veces pienso que no hay fortuna más grande que llevar una “vida normal”. Con sus rutinas diarias. Levantarse, acompañar al pequeño al cole, ir a trabajar, hacer la comida, la compra, jugar y pintar, pasear, leer cuentos, ir a dormir… y saber que el día siguiente será parecido. Cuando no tenemos ningún compromiso obligado por las fechas, cuando no tenemos nada especial que hacer... es cuando el terreno se despeja para hacer cosas muy especiales.

Es más, creo que en el Tiempo Ordinario es donde nos la jugamos, especialmente, los laicos. La vida diaria es nuestro escenario principal. El campo de juego donde desarrollamos de manera habitual nuestras obras y relaciones, nuestra vida conyugal y familiar, nuestro trabajo cotidiano, nuestro descanso espiritual y corporal, nuestra oración y compromiso.

Y la mayoría, los que “somos normales” estamos llamados -no me cabe duda- a ser Apóstoles de lo Ordinario y en lo Ordinario. Como el Jesús que pasó 30 años de su vida en el más absoluto tiempo ordinario; un Jesús que, hasta que llegó Caná y una boda, era un “santo de la puerta de al lado” en su vida cotidiana, familiar y social de Nazaret.

Así que… feliz y provechoso Tiempo Ordinario. Fantástica oportunidad para hacer cosas extraordinarias en la vida ordinaria de cada día. Vayamos a por ello. No hagamos de lo ordinario algo inodoro, incoloro e insípido.

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