Pasolini, ante el Papa: "La paz nace de la valentía de hacerse humildes y renunciar a la violencia"
El predicador de la Casa Pontificia centra su primera meditación de Cuaresma en la necesidad de la conversión y la pequeñez para alcanzar la paz en el mundo

Madrid - Publicado el
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El fragor de las guerras que azotan al mundo ha llegado también al Aula Pablo VI, donde el predicador de la Casa Pontificia, el padre Roberto Pasolini, ha ofrecido en presencia del Papa la primera de sus meditaciones de Cuaresma. Bajo el título "La conversión. Seguir al Señor Jesús por el camino de la humildad", la reflexión se ha centrado en la necesidad de verificar la vitalidad del propio bautismo en un momento crucial para la Iglesia.
Una responsabilidad concreta
En días "nuevamente marcados por el dolor y la violencia", ha afirmado el fraile capuchino, hablar de pequeñez "podría parecer abstracto, casi un lujo espiritual. En realidad, es una responsabilidad concreta, ligada al destino del mundo". Según Pasolini, "la paz nace no solo de acuerdos políticos, ni de estrategias diplomáticas o militares, sino de hombres y mujeres que encuentran el coraje de hacerse pequeños". Este camino implica, según sus palabras, "dar un paso atrás, renunciar a la violencia en todas sus formas, no ceder a la tentación de la venganza y la opresión, y optar por el diálogo".

Reconocer el pecado para alcanzar el bien
La conversión, ha explicado el predicador, está íntimamente ligada a "la profundidad del surco que el pecado ha cavado en nosotros". Sin embargo, ha lamentado que la palabra pecado parezca haber desaparecido en la conciencia común, donde a menudo se explica como "fragilidad, herida o limitación". Si se elimina el concepto de pecado, ha advertido, también desaparece "la grandeza de la libertad humana y su responsabilidad".

En el pecado, el hombre reconoce que "su libertad es real y que con ella puede construir y destruir: a sí mismo, a los demás, al mundo". Por ello, la conversión se presenta como un "camino exigente" para sanar y recuperar la relación con Dios. "Si ya no existe la posibilidad del verdadero mal, ni siquiera podemos creer en la posibilidad del verdadero bien. Si el pecado desaparece, incluso la santidad se convierte en un destino abstracto e incomprensible", ha sentenciado.
El retorno a la humildad
Siguiendo las enseñanzas de San Francisco, reconocido como el santo de la pobreza, Pasolini ha subrayado que la humildad es inseparable de su figura y brota del misterio de la Encarnación. "La humildad", ha enfatizado, "es un camino que todo bautizado está llamado a seguir si desea acoger plenamente la gracia de la vida en Cristo". Lejos de ser un ejercicio ascético, es "un don del Espíritu" y "una forma de habitar el mundo y las relaciones".
Este camino implica reducir "la imagen inflada que tenemos de nosotros mismos" para restaurar la verdad. "La humildad no empobrece al hombre: lo restituye a sí mismo. No lo disminuye: lo restituye a su verdadera grandeza", ha afirmado. Por ello, la conversión solo puede entenderse como un "retorno a la humildad", ya que "el pecado original surge precisamente del rechazo de la humildad".

Finalmente, el predicador de la Casa Pontificia ha recordado que la conversión nunca es un proceso completo. "Significa iniciar continuamente este movimiento del corazón, mediante el cual nuestra pobreza se abre a la gracia de Dios". Ha concluido señalando que es precisamente en los conflictos y las dificultades donde se hace más necesaria la pequeñez evangélica: "Cuando el instinto nos impulsa a defendernos o a afirmarnos, vemos si realmente hemos aprendido el Evangelio de la Cruz".
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