Del cautiverio en Marruecos a la devoción masiva en Madrid: la curiosa historia de la talla del Cristo de Medinaceli

Madrid acoge hoy el besapiés a Jesús de Medinaceli, una tradición centenaria

Cristo de Medinaceli, Madrid

Alamy Stock

Cristo de Medinaceli, Madrid

Álvaro Fedriani

Madrid - Publicado el

3 min lectura

Cada primer viernes de marzo, miles de madrileños vuelven a protagonizar una de las escenas más reconocibles de la religiosidad popular de la capital: largas colas frente a la Basílica de Jesús de Medinaceli para besar los pies de la imagen del Cristo de Medinaceli. Desde la medianoche y durante toda la jornada, la fila de devotos serpentea por la plaza de Jesús y las calles del barrio de Las Letras para cumplir con una tradición que se repite cada año y que reúne a miles de fieles.

La escena es siempre similar: los devotos esperan durante horas para acercarse a la imagen de Cristo Nazareno, tocar o besar sus pies y formular sus plegarias. Para muchos, se trata de un gesto cargado de significado espiritual; para otros, de una promesa o de un acto de agradecimiento. 

La tradición se ha mantenido durante siglos y forma parte del calendario religioso madrileño. Pero detrás de esta devoción multitudinaria hay una historia llena de episodios sorprendentes que explican por qué esta imagen se ha convertido en una de las más veneradas de España.

Una historia marcada por el cautiverio y el rescate

La talla del Cristo fue realizada en el siglo XVII en Sevilla. Su destino inicial era La Mámora —actual Mehdía, en Marruecos—, donde se encontraba una guarnición española. Sin embargo, la historia de la imagen dio un giro dramático en 1681, cuando la plaza cayó en manos del sultán Muley Ismaíl.

La imagen fue entonces tomada como botín de guerra y trasladada a Mequínez. Según la tradición, fue arrastrada y arrojada por las calles como burla hacia los cristianos. Un año después, el fraile trinitario Pedro de los Ángeles negoció con el sultán su rescate.

La leyenda cuenta que el acuerdo consistía en pagar su peso en oro. Sin embargo, cuando colocaron la talla en la balanza, esta se equilibró con apenas treinta monedas. El número llamó la atención porque coincidía con la cantidad por la que Judas habría traicionado a Jesucristo.

Rescate de Jesús de Medinaceli en La Mámora

Rescate de Jesús de Medinaceli en La Mámora

Tras su rescate, la imagen fue trasladada a España y llegó a Madrid en 1682, donde comenzó a crecer la devoción hacia ella. Con el paso del tiempo, el Cristo se convirtió en uno de los símbolos religiosos más importantes de la ciudad, como demuestra que sea llamado el Señor de Madrid.

La imagen que sobrevivió a la Guerra Civil

Siglos después, el Cristo volvió a vivir un episodio decisivo para su historia durante los meses previos a la Guerra Civil española. En marzo de 1936, ante el temor de que la imagen pudiera ser destruida en los disturbios anticlericales de la época, fue escondida en un cajón de madera de roble y envuelta en sábanas para protegerla de la humedad. A pesar de estas precauciones, la talla fue encontrada en 1937 por milicianos republicanos. Finalmente, y con el objetivo de preservarla como obra de arte, fue enviada a Ginebra junto a otras piezas patrimoniales.

La imagen regresó a Madrid tras el final de la guerra. El 14 de mayo de 1939 volvió a las calles de la capital en una salida extraordinaria que reunió a una multitud y que reforzó aún más la devoción popular hacia el Cristo.

Jesús de Medinaceli en Ginebra durante la Guerra Civil

Jesús de Medinaceli en Ginebra durante la Guerra Civil

Un nombre que no es exactamente el suyo

Aunque popularmente se le conoce como Cristo de Medinaceli, ese no es en realidad su nombre original. La advocación oficial de la imagen es Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El apelativo "de Medinaceli" procede de su relación con la poderosa casa nobiliaria del mismo nombre. En particular, con el VIII duque de Medinaceli, Juan Francisco de la Cerda y Enríquez de Ribera, quien cedió una capilla a los trinitarios para que la imagen pudiera recibir culto. Desde entonces, el nombre con el que el pueblo lo ha identificado es con el de Cristo de Medinaceli.

Una devoción que traspasa Madrid

La influencia de esta imagen no se limita a la capital, sino que existen numerosas imágenes inspiradas en ella en ciudades como Cádiz, Málaga, Salamanca, Córdoba o Santa Cruz de Tenerife.

Su relevancia dentro del catolicismo español quedó patente en 2011, cuando fue elegida como una de las estaciones del Vía Crucis celebrado en Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud presidida por el papa Benedicto XVI.

Temas relacionados

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Visto en ABC

Tracking