El Papa, en el Mensaje para la 56 Jornada Mundial de la Paz: «Hay que crear las bases de un mundo más justo»

Francisco afirma que la guerra de Ucrania tiene repercusión mundial e insiste en que hoy día todo está interrelacionado y «nadie puede salvarse solo»

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La pandemia de la Covid-19 y la guerra en Ucrania son los ejes centrales del Mensaje del Papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el próximo 1 de enero. El documento, que ha sido presentado hoy, se titula «Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz».

El Santo Padre insiste en él en el que en el mundo actual todo está interrelacionado y que «lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros». Pese a que los acontecimientos nos pueden parecer «trágicos», dice tras citar a San Pablo, hay que «mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, orienta nuestro camino».

Con respecto a la Covid-19, Francisco afirma que la pandemia ha amenazado la seguridad laboral de millones de personas y agravado la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, «sobre todo la de los más débiles y la de los pobres». La pandemia, constata, «parece haber sacudido las zonas más pacíficas de nuestro mundo haciendo aflorar innumerables carencias».

El Papa asegura que la mayor lección que nos ha dejado la pandemia es «la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo». Por tanto, dice, «es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de la fraternidad humana». «También hemos aprendido —añade en este mismo sentido— que la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no solo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz».

La guerra en Ucrania: de repercusión mundial

Con respecto a la guerra en Ucrania, el Papa dice que ha sido «impulsada por decisiones humanas reprobables» y advierte que este conflicto no solo está causando víctimas inocentes entre los directamente afectados, sino que sus consecuencias se extienden a todo el mundo. «También afecta —dice— a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales –basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible–».

Para Francisco, esta guerra, como todas las guerras, representa «una derrota para la humanidad en su conjunto». «Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han encontrado soluciones adecuadas para la guerra. Ciertamente, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado».

El Papa die que ha llegado la hora de crear «las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común». «Debemos retomar la cuestión —enumera— de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele».

No podemos buscar solo protegernos a nosotros mismos, señala.

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Presentación del Mensaje

Las líneas maestras del Mensaje han sido presentadas esta mañana en rueda de prensa en el Vaticano por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; la religiosa Alessandra Smerilli; el profesor Maximo Torero, de la FAO (a través de un video); y el artista italiano Simone Cristicchi. Sus intervenciones pueden consultarse en este enlace.


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