El Papa Francisco aprueba el milagro necesario para la beatificación de la española Conchita Barrecheguren

Muy pocas veces en la historia de la Iglesia un padre y una hija han hecho juntos el camino hacia la santidad. Eso es justo lo que está pasando con Conchita y su padre Francisco

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Muy pocas veces en la historia de la Iglesia un padre y una hija han hecho juntos el camino hacia la santidad. Eso es justo lo que está pasando con P. Francisco Barrecheguren y su hija Conchita. Este sábado, 21 de mayo, el Papa Francisco ha aprobado el milagro atribuido a la intercesión de la joven Conchita.

Conchita será una flor que el Señor trasplantará, en plena juventud, al Cielo. Desde la infancia Conchita manifestó salud precaria debido a una enterocolitis muy aguda y por ello sus padres decidieron no dejarla asistir a ninguna escuela de la ciudad, convirtiéndose en sus educadores.



La vida de Conchita Barrecheguren

A muy temprana edad sintió la llamada a la vida religiosa, deseando convertirse en carmelita, pero no pudo debido a la enfermedad y murió en Granada el 13 de mayo de 1927, a la edad de 22 años. Pese a ello, fue tiempo más que suficiente, para hacerse y construirse como mujer - como mujer cristiana -, y para desarrollar sus cualidades. Supo utilizar su tiempo y vivirlo intensamente.

A la dureza de la enfermedad, se añade la dificultad del tratamiento. La tuberculosis era poco conocida para la medicina de entonces. El desarrollo de la enfermedad de Conchita, y de los sufrimientos que la acompañan, provocaban la admiración de quienes la conocieron.

Un asombro que surge no tanto de contemplar el dolor mismo, sino del modo en que Conchita, sabe sacar fuerzas de flaqueza, para hacerle frente. Ahí se hizo constatable la maravilla de su calidad humana y de la seguridad de su fe. La fe de Conchita supo descubrir que los planes de Dios no eran los suyos, que tenía que aceptar que su vida, y su modo de seguir a Jesucristo y de estar en la Iglesia, era el laical. Un estado no inferior al religioso o clerical. Al contrario, el estado común de los bautizados y el mismo que vivió el Señor Jesús.

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El testimonio actual de Conchita

La sencillez de Conchita y su ser cristiana del montón, es un testimonio actual. Ella aparece como una parábola de Evangelio, para quien quiera intuir otras posibilidades de vida y felicidad. Su fe inquebrantable y su fidelidad, no dejan de sorprender.

Lo extraordinario de Conchita era su vida ordinaria y común; pero, además, hay dos cosas específicamente singulares en ella y que le hicieron llamar la atención de quienes la conocieron: su modo de aceptar y afrontar la cruz y su alejamiento del mundo y de todo lo que pudiera distraerla de su proceso de crecimiento espiritual. Eso, ciertamente, no pasó desapercibido.



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