Manos Unidas destina cerca de 500.000 euros a 11 proyectos de emergencia en África

Las consecuencias del cambio climático, el hambre y la violencia son emergencias silenciadas ante las que Manos Unidas hace frente en este continente, creando proyectos solidarios

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El año 2022 está siendo especialmente complicado para el continente africano. A la grave emergencia alimentaria, que ha puesto en riesgo la vida de millones de personas, se suman las inundaciones causadas por los ciclones y las tormentas tropicales en Madagascar o Mozambique y la importante crisis humanitaria en los países afectados por la violencia y los conflictos, como los de la zona del Sahel. Por ello Manos Unidas ha tenido que estar presente en este continente y hacer frente a 11 proyectos de emergencia.



La coordinadora de proyectos en África de Manos Unidas, Mabel Ibáñez, ha lamentado que “estos problemas pasan desapercibidos para el resto del mundo, al no encontrar prácticamente eco en los medios de comunicación”. Además ha informado de que “la situación en África nos ha llevado a destinar, en lo que llevamos de 2022, cerca de 500.000 euros a 11 proyectos de emergencia para hacer frente a las necesidades de las poblaciones afectadas. Etiopía (Tigray), Somalia, Kenia, Mozambique, Malaui, Madagascar y Burkina Faso han sido los países destinatarios de estas iniciativas”.

Los graves efectos del cambio climático entre las poblaciones más vulnerables son motivo de preocupación para la ONG de la Iglesia católica. “El maltrato al planeta tiene consecuencias en la agricultura, la pesca y la ganadería, que son los medios de vida de las comunidades más vulnerable, y afectan, además, a la salud o a la educación. Al igual que las sequías prolongadas, que llevan al hambre a poblaciones enteras”, explicaba Ibáñez.

Programa Mundial de Alimentos

Ya en febrero el Programa Mundial de Alimentos lanzó las primeras alarmas: el hambre severa afectaba ya a 13 millones de personas en Etiopía, Kenia y Somalia. Desde entonces, la peor sequía de los últimos años amenaza a millones de personas en el Cuerno de África. Una cifra que, según Ibáñez, «no ha hecho más que aumentar, impulsada por conflictos como el del Tigray etíope y, últimamente, por la guerra en Ucrania».

La angustia de los agricultores en Etiopía

Mabel Ibáñez explica que, en Manos Unidas, se están recibiendo testimonios angustiados de agricultores que ven cómo, tras tres temporadas de lluvias fallidas, se malogran las cosechas «y, lo que es peor, cómo muere el ganado, su mayor fuente de ingresos, por la falta de pastos y de alimento para subsistir».

El padre Solomon Kebede, residente en Etiopía y director de programas de la oficina de desarrollo del vicariato de Meki, explica que la escasez de alimentos ha derivado en un drástico incremento de los precios que ha dejado sin acceso al mercado a las personas más pobres de las zonas rurales y semiurbanas. Esto está llevando a que aumenten las migraciones del campo a las ciudades lo que también está afectando a la economía urbana. “Para hacer frente a esta escasez de alimentos muchas personas han vendido sus bienes y su ganado y ahora ya no tienen más remedio que pedir ayuda al gobierno y a las organizaciones humanitarias. Y, como siempre, las mujeres y los niños son los más afectados por la carencia de alimentos”, explica Kebede.

Kenia, el lamento del hambre

En Kenia, según el gobierno, más de 3,1 millones de personas corren grave riesgo de hambruna. La hermana Lourdes do Patrocinio, misionera de Jesús Crucificado, que convive estrechamente con los pastores nómadas de la aldea deKataboi, asegura que el clamor del hambre se ha abierto paso en la localidad. “Cuando caminas por la aldea el lamento que más se oye es “Akoro”, que significa “tengo hambre”. Y suelen ser las mujeres ancianas las que lo pronuncian mientras permanecen solas en sus cabañas a la espera de que alguien las atienda”. Aunque la escasez y la desnutrición afectan también a los niños que no van a la escuela. “No hay agua para las familias ni para los animales. Los pastos son cada vez más escasos, lo que impide el pastoreo. Y la sequía se alarga. El agua aquí continúa siendo un grito por la vida”, asegura la hermana Lourdes.

Vidas arrasadas por los ciclones y la violencia

En lo que va de año Mozambique y otros países de África Septentrional, como Madagascar o Malaui, han sufrido la llegada de ciclones y tormentas de gran intensidad, que han causado graves daños entre las poblaciones más vulnerables.

Desde Nacala Porto, ciudad costera al norte de Mozambique, la hermana María Gómez-Lechón explica cómo estos fenómenos, cada vez más frecuentes, ponen en jaque a una población “demasiado acostumbrada a sufrir»: pérdida de cosechas, pueblos aislados, escuelas muy dañadas y muchas viviendas -de adobe- desmoronadas por causa de la lluvia constante durante tanto tiempo. «Esto no es comparable ni con Ucrania, porque esto es endémico. Aquí la gente muere por causas evitables y prevenibles. Si no hubiera tanta desigualdad…”, lamenta la religiosa.

Las guerras como la de Etiopía o Sudán del Sur y la violencia provocada por los conflictos tribales o la presencia del yihadismo están acrecentado los desplazamientos y migraciones de una población que huye de la violencia para poner a salvo su vida. Según Mabel Ibáñez, “muchas de estas personas se asientan en otros lugares de sus propios países o encuentran refugio en naciones vecinas, y las menos emprenden un duro viaje hacia al sueño de Occidente para darse de bruces con nuestras férreas políticas migratorias”.

Manos Unidas explica a través de su comunicado que no puede permanecer indiferente ante tanto sufrimiento producido, en gran medida, por las enormes desigualdades que generan hambre y pobreza. “Con nuestros proyectos de desarrollo intentamos prevenir estas situaciones, pero, en muchas ocasiones, la emergencia es inevitable y tenemos que hacerle frente con la ayuda humanitaria específica”, explica Mabel Ibáñez.

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