Juan Carlos Balsera, capellán del Reina Sofía: "Los capellanes tienen palabras a las que los párrocos no llegan"
El equipo de capellanía del hospital de Córdoba, coordinado por Juan Carlos Balsera, ofrece consuelo y apoyo espiritual a las víctimas del accidente de tren, a sus familias y al personal sanitario

Madrid - Publicado el - Actualizado
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El capellán del Hospital Reina Sofía de Córdoba, Juan Carlos Balsera, coordina un equipo de seis religiosos que desde el primer momento han ofrecido apoyo y consuelo a los heridos del accidente de tren. Su labor se centra en atender tanto a los pacientes, algunos en la UCI, como a sus familias y al propio personal sanitario desbordado por la situación.
Una tarea 'más fácil' en los peores días
Desde que se conoció la gravedad del suceso, la capellanía se movilizó. "Somos seis los capellanes y a mí me tocó coordinar un poquito", explica Balsera. A pesar del "jaleo", destaca la buena coordinación del equipo y asegura que, según le comentó una profesional del hospital, "en los días así es cuando más fácil se hace la tarea".

El apoyo no se limita a los enfermos y familiares, sino que se extiende a los profesionales sanitarios "que estaban desbordados". Balsera recuerda el caso de una enfermera que, tras haber estado en El Rocío, quería visitar a los enfermos para entregarles una estampa de la virgen, un gesto que refleja cómo la devoción está "muy a flor de piel" en los momentos difíciles.
Palabras de consuelo y escucha
Para el capellán, la clave para conectar con las personas en shock es la observación y la paciencia. "Lo más fácil para atender a una persona es mirarle el entrecejo. Ahí notas claramente si acepta la gracia o no", afirma. Sostiene que, aunque la primera reacción de alguien pueda ser de rechazo, "al cabo de un día, como mucho, o unas horas", esa misma persona puede terminar por solicitar su ayuda.
Balsera recuerda con especial cariño la petición de una madre durante la pandemia: "Mire, padre, ¿puede venir mañana, que mi niño lleva 2 meses sin reírse? Y usted le ha hecho reír". Para él, esas experiencias son el verdadero sentido de su vocación y el reflejo de unas palabras que su madre le dijo al empezar en el hospital: "Hijo, no te preocupes, que los capellanes tienen palabras a la que los párrocos no llegan".
Es en estos momentos cuando encuentra el sentido a su ministerio, acompañando "a Cristo que sufre". "La paga mejor que podemos tener es el agradecimiento de los que hemos tratado. Eso no tiene precio", concluye.
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