''Este voluntariado cambia el corazón'': así ayudan estos alumnos de bachillerato en Costa de Marfil

Todos los veranos los alumnos de bachillerato del colegio El Prado de Madrid se van con varios profesores a construir iglesias y dar alimento a un voluntariado en Costa de Marfil

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Muchos jóvenes buscan en verano, aparte del merecido descanso, ayudar. Por eso se apuntan a campos de trabajo, voluntariados, campamentos, a arreglar colegios o iglesias, acompañar a personas mayores, etc. Quieren darse a los demás.

Un ejemplo es el voluntariado que hace el colegio El Prado de Madrid. Desde 2018, varios profesores se llevan a alumnos de segundo de bachillerato al extranjero para prestarse a ayudar. Empezaron en 2018, yendo un año a Costa de Marfil, India y Perú, pero para darle más continuidad se quedaron en Costa de Marfil. Salen de España apenas unos días después de que los alumnos de bachillerato hagan la selectividad. Durante tres semanas ayudan a las poblaciones donde van, construyendo, reparando, dando de comer, etc.



Los alumnos del colegio están acostumbrados a ayudar. Desde los donativos en primaria, por ejemplo en el DOMUND, o el trabajo de los alumnos de secundaria en centros sociales.

Pablo Sansón, profesor de Historia y también en Costa de Marfil, se ha ido con 60 alumnos de segundo de bachillerato durante el mes de julio. En junio se llevó a 55 alumnos de primero de bachillerato. Están construyendo dos iglesias y dando de comer a mil niños al día. Gracias a las Fuerzas Armadas españolas y otras entidades, se llevan las herramientas y alimentos.

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Jaime Jefael es un antiguo alumno que ha querido seguir en esta misión en su etapa post-escolar. ''Es emocionante vivirlo al acabar el colegio con tu promoción, con tus amigos, tener la oportunidad de poder ayudar de esta manera''. Además, que el colegio le haya dado la oportundiad de seguir trabajando le asegura vivir ''de otra manera y, a la vez, es una manera muy gratificante de pasar el verano y poder ayudar de otra manera''. Asegura que este voluntariado ''cambia el corazón'', pues el objetivo es ''darse al otro, entregarse y encontrar la auténtica forma de ser feliz''.

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''Es una forma distinta de pasar el verano'', asegura Pablo. Y añade que ''vienen emocionados porque es una aventura y por darse a los demás''.

Durante esas semanas hacen piña, tienen tiempo para el duro trabajo y el descanso. Pablo además comparte el testimonio de un alumno que le dijo: ''Nunca he sido tan feliz como en su viaje de voluntariado a Costa de Marfil''. Y eso dice mucho, porque han disfrutado.



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