La colosal dedicatoria que hizo Carlos Herrera al Papa Juan Pablo II y que sigue muy vigente en la actualidad

El comunicador mejor valorado en España y presentador de 'Herrera en COPE' siempre mostró gran devoción por el papel desempeñado por San Juan Pablo II

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El comunicador mejor valorado de la radio en España, Carlos Herrera, se ha definido en más de una ocasión como un “católico practicante”. Una fe que siempre que ha tenido oportunidad la ha mostrado. Prueba de ello es la pasión que siente hacia su Semana Santa de Sevilla de la que fue pregonero en el año 2000 y, más concretamente, de la hermandad de La Candelaria, de la que es devoto, hermano y nazareno.

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Así vivió Carlos Herrera la Semana Santa 2020, marcada por el coronavirus

La mañana en la que se conoció que las cofradías durante la Semana Santa serían suspendidas este año 2020 como consecuencia del COVID-19, el presentador de ‘Herrera en COPE’ se encontraba paseando por las calles del centro sevillano. Era el sábado 14 de marzo, día en el que se decretó el Estado de Alarma. El programa ‘Fin de Semana’ de Cristina López Schlichting, contactó con Herrera para conocer su reacción y los sentimientos de aquella difícil mañana en la Capital Hispalense: “Me he acercado a la plaza de San Francisco, donde se ponen los palcos, y había aún operarios para darle los martillazos necesarios a los asientos, los mismos que darán a partir de ahora para desmontarlos”, relataba el comunicador.

No pudo esconder la gran carga de emotividad que suponía la suspensión de las cofradías, pero matizaba: “El sevillano ya se ha hecho a la idea de que va a llover toda la semana. El cofrade de verdad dice que no hay cofradías, pero la Semana Santa sigue, y la Pascua también. Cada uno, en la medida que pueda, cumplirá con sus objetivos y compromisos con la Iglesia”, comentaba Herrera.

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Así reacciona Herrera en directo a la suspensión de la Semana Santa en Sevilla

 

Una Semana Santa y un tiempo de Pascua muy especial la que ha vivido Carlos Herrera y toda la comunidad cristiana este año marcado por el coronavirus. Pero no ha sido la única Pascua diferente que hemos vivido en este siglo XXI. En el año 2005, los cristianos lamentábamos, apenas una semana después de la Semana Santa, la muerte del Papa San Juan Pablo II. Fue el 2 de abril, seis días después del Domingo de Resurrección.

Días más tarde, el 7 de abril, el comunicador Carlos Herrera rindió homenaje al Sumo Pontífice fallecido en la revista ‘Diez Minutos’, bajo el título ‘Se apagó la llama’. En el artículo, Carlos Herrera reivindicaba la figura del Santo Padre y la labor desempañada durante su Pontificado, que se prolongó más de dos décadas (1978-2005).

El artículo íntegro de Carlos Herrera dedicado a Juan Pablo II

Se apagó la llama.

Juan Pablo II, el Papa que ha roto tantos moldes, tantas costumbres, ha muerto como consecuencia del agravamiento de los procesos que asaltaban su precaria salud. Su última aparición en el balcón del apartamento papal anunciaba que la vida se le estaba escapando a grandes zancadas y que la impotencia por no poder hablarle a los fieles del mundo entero le consumía aún más.

Ha sido, éste último, un ejemplo singular: ante las voces más o menos piadosas que le querían apartar en el confín final, el Papa quiso mostrar su dolor y decirle a los que sufren en el mundo que él era uno más. Y algo más: que hay que luchar y resistir hasta el último día.

Lógicamente, era un mensaje a los que abogaban por interrumpir los sufrimientos finales. Pero, en cualquier caso, no será ésa la imagen definitiva que quedará para siempre de este colosal líder mundial que ha sido Karol Wojtyla. El papado ha abarcado desde aquel lejano 1978 un total de casi veintisiete años, convirtiéndose en el tercero más largo de la historia.

A lo largo de tanto tiempo, este polaco valiente y resuelto ha tenido la posibilidad de abrir multitud de procesos trascendentales para la Iglesia católica. El acercamiento al Islam ha sido uno de ellos; la reconciliación con los judíos, otro; también el ecumenismo; también su postura inquebrantable ante las guerras y los abusos del poder materialista.

Todo ello configura una tarea casi titánica sólo interrumpida por la materialización del tercer secreto de Fátima en forma de atentado en la Plaza de San Pedro, cuando aquel turco manejado por los servicios secretos soviéticos disparó al centro de su abdomen.

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Cuando Juan Pablo II fue elegido, todos pensamos en la trascendencia geopolítica de esa elección y en las consecuencias que ello podría tener en los delicados escenarios mundiales: como si fuese una caída lógica, el Muro no soportó las presiones a las que se le sometió y a las que colaboró no poco un sencillo pero inagotable hombre vestido de blanco.

Su muerte se está llorando en el mundo entero y no sólo por los católicos apegados a su dogma: muchos de los más alejados a él y a su doctrina reconocen la grandeza de su tránsito por este mundo, la grandeza de su figura humana.

Anciano de corazón joven, Wojtyla ha querido que volviéramos la mirada hacia los que sufren en sus últimas horas, cosa no común en estos tiempos que corren. El mensaje de Cristo lo ha llevado a todos los rincones del mundo, de forma incansable, para ejercer el apostolado definitivo y sus encíclicas quedan ahí, para el que quiera leerlas. El Papa más mediático de la historia ha fallecido.

Que Dios lo reciba en su seno y que desde los cielos nos bendiga a todos.

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