El cardenal Bustillo afirma que la amnesia, tibieza y cansancio espiritual son los peligros que acechan al sacerdote: "La creatividad tiene que ganar a la pereza”
Francisco Javier Bustillo ha instado a los presbíteros de Madrid a superar el miedo y el conformismo para abrazar una nueva era de audacia misionera en la gran ciudad durante su ponencia en 'Convivium'

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El cardenal Francisco Javier Bustillo, ha expuesto su idea de sacerdote en el mundo de hoy durante su intervención en 'Convivium', en el que participan los sacerdotes de la archidiócesis de Madrid para compartir la realidad y los retos del presbiterio.
En su discurso, el franciscano nacido en Pamplona pero nacionalizado francés, ha llamado a los sacerdotes a ser “testigos apasionado del resucitado” y a abandonar cualquier atisbo de conformismo. Bustillo ha propuesto un camino basado en cinco claves para renovar la misión en una gran ciudad como Madrid, instando a los curas a superar “la tentación, el miedo, la pereza y el aburrimiento”.
Vidas auténticas, no personajes
El primer pilar de la reflexión del cardenal miembro del Dicasterio del Clero se ha centrado en la autenticidad. “El sacerdote no puede ser ni artificial ni superficial, no puede vivir un personaje en el gran teatro de la vida”, ha afirmado. Para ilustrar el peligro de una vida vacía, Francisco Javier Bustillo ha recurrido a la novela 'La muerte de Iván Ilich', de León Tolstói. En ella, el protagonista, un jurista de vida aparentemente correcta y exitosa, se enfrenta en su lecho de muerte a la pregunta fundamental: “¿He vivido de verdad?”. A través de esta historia, Bustillo ha advertido a los sacerdotes sobre el riesgo de poner la energía en los logros y el éxito pastoral en lugar de en la alegría y la pasión por la misión, que es donde reside “la unción” que debe ser el motor de su ministerio.
El también obispo de Ajaccio ha señalado que lo que salva no son los logros profesionales ni el estatus social, sino “la verdad compartida, la compasión, la fuerza interior”, animando a los presentes a encarnar “vidas sacerdotales auténticas, libres y maduras” frente a modelos “conformistas y formalistas”.
La audacia frente al fatalismo
Francisco Javier Bustillo ha abordado la misión en la gran ciudad, un entorno con “muchos paganos, muchos alejados, muchos indiferentes, muchos hostiles”, pero también con “personas jóvenes que son espiritualmente vírgenes” y que tienen sed de sentido. Ante este panorama, ha hecho un llamamiento a la audacia. “Es necesario que la audacia y la creatividad ganen contra el fatalismo y la pereza”, ha sentenciado. Citando a Einstein, ha recordado que “la imaginación es más importante que el conocimiento” y ha instado a los sacerdotes a explorar “pequeños senderos” en lugar de los caminos habituales.
Esta audacia misionera debe nacer de una mentalidad evangélica que se pregunta con entusiasmo “¿dónde queremos ir?” y “¿cómo encarnar hoy el evangelio?”, en lugar de una mentalidad mediocre que se lamenta con fatalismo. Para mantener el vigor en esta tarea, Bustillo ha recomendado una “vitamina C”, la energía del Espíritu Santo, y ha subrayado la importancia de cuidar un binomio fundamental en la vida del cura: “Cuidado siempre a la alegría y a la salud”.
De la logística a la mística
El cardenal Bustillo ha insistido en que el sacerdote es, ante todo, un hombre de fe llamado a “pasar de la gestión a la visión, de la logística a la mística”. Usando pasajes evangélicos como la pesca milagrosa o la multiplicación de los panes, ha explicado cómo Jesús empuja a sus discípulos a ir más allá de la lógica humana y a arriesgarse. Ante la propuesta pragmática de los apóstoles, Jesús responde con un desafío de fe: “Dadle vosotros mismos de comer”. El camino del riesgo, ha dicho Bustillo, “es el camino de la fe”.
En este sentido, ha alertado sobre tres peligros que acechan al ministerio sacerdotal: la amnesia, que es olvidar “el primer amor”; la tibieza, una mediocridad que ha descrito, citando al Papa Francisco, como “la paz de los cementerios”; y la anemia o cansancio espiritual que conduce al inmovilismo. Frente a ellos, el sacerdote debe recordar que ha firmado “para dar la vida, no para dar el 20 por 100, el 40 por 100, el 80 por 100”.
El núcleo de la vocación, ha recordado Bustillo, se encuentra en la pregunta de Jesús a Pedro: “¿Me amas?”. De la primacía de este amor fluye la misión. “Amar antes de actuar. Amar antes de gobernar”, ha recalcado, diferenciando al pastor de un mero funcionario. Este amor, además, debe manifestarse en una “fraternidad sacramental” real entre los sacerdotes, un vínculo que nace de la ordenación y que protege del aislamiento y el individualismo.
El franciscano ha cerrado su ponencia con una llamada a la esperanza y la novedad, citando al profeta Isaías: “Aquí estoy haciendo algo nuevo, ya está germinando. ¿No lo veis?”. Ha exhortado a los sacerdotes a no tener miedo a la creatividad y a pasar de ser “organizadores y gestores a ser visionarios, a ser profetas”. Porque, según sus palabras, la Iglesia “no tiene que hacer llorar, sino que tiene que hacer soñar”. Un mensaje para que los sacerdotes de Madrid, ha concluido, vivan su ministerio “con fidelidad y con alegría”, porque de ellas nace siempre la fecundidad.
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