Boletín

El sacerdote que sobrevivió a más de 100 de secuestro de yihadistas en Filipinas

El P. Teresito aguantó el secuestro y la guerra en la ciudad de Marawi hasta que Dios le regaló un momento para escapar: 14 minutos sin disparos

El P. Teresito y una imagen de la ciudad de Marawi, donde estuvo secuestrado, bajo asedio

El P. Teresito y una imagen de la ciudad de Marawi, donde estuvo secuestrado, bajo asedio 

Hannah Kohn | Redacción religión

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09:48

El padre Teresito Soganob es el sacerdote católico que más tiempo lleva viviendo en Filipinas. Más de 100 días bajo secuestro de los yihadistas de Filipinas forman part de su testimonio, que ha contado dos años después. Un día de mayo estaba celebrando con la comunidad católica la fiesta de su patrona en la en la catedral "María Auxiliadora" . Al día siguiente, en una furgoneta, arrestado como rehén, junto con otros cristianos. 

Cuatro meses es lo que duró su cautiverio en la ciudad filipina de Marawi, al sur del país. En una entrevista con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), este cura recuerda cómo empezó todo: con oraciones interrumpidas por disparos. 

La mayoría de la población de Marawi es musulmana, porque pertenece a la Región Autónoma Musulmana de Mindanao. Allí, la ley es una modificación de la sharía, la ley islámica. La tensión estaba a la orden del día - el país estaba en guerra en 2017 contra el yihadismo - pero no los tiros. Menos todavía, que entrase un grupo de hombres equipados con armas de gran calibre en una iglesia.  

El Padre Teresito formó parte de un grupo de un total de 100 personas que fueron secuestradas en Marawi. Los rebeldes del grupo Maute, cercano al ISIS, conquistaron su ciudad natal para hacer presión a las tropas del gobierno. 

Más de 800 personas perdieron la vida durante los siguientes cinco meses, en el asedio del gobierno de esta ciudad bajo control de los yihadistas. Junto con los centenares de muertos, cientos de miles de personas abandonaron la ciudad.

Soganub no pudo ser liberado hasta 116 días más tarde, el 17 de septiembre. La encarnizada batalla por la ciudad de Marawi no terminó hasta el 23 de octubre de 2017. A pesar de todo lo que ha pasado, esta convencido - y trabaja desde su catedral en ruinas - por el diálogo interreligioso como llave para la paz. 

Usados como arma disuasoria y soldados

Los rebeldes yihadistas les quisieron usar para evitar la ofensiva del gobierno. Si querían conservar la vida, debían disuadir al gobierno de Rodrigo Duterte de continuar sus ataques.  "Nos pidieron que nos pusiéramos en contacto con el gobierno y les pidiéramos que cesaran en sus ataques contra los rebeldes", describe Soganob esas horas traumáticas.

"Uno detrás de otro, llamé a todos – entre otros al obispo Mons. Edwin de la Peña y también a mi predecesor como Vicario General – para que transmitieran el mensaje de nuestros secuestradores al Presidente Duterte: Retiren las tropas gubernamentales de la ciudad; de lo contrario, matarán a los rehenes. Uno por uno".

El gobierno hizo casi omiso al mensaje de los rebeldes. Mientas, los secuestrados iban trasladándose a distintos puntos de la ciudad libnres de la presencia de las tropas gubernamentales.  Era el mes de junio y el número de rehenes ascendía a más de 120 personas.

La estrategia ahora pasaba por emplear a los secuestrados más jóvenes como soldados rebeldes, con el precio de su vida. La muerte se convertía casi en el único destino posible: o bien por los secuestradores, o bien por los proyectiles del gobierno que asesiaba la ciudad. 

Un regalo de Dios: 14 minutos para escapar

Las semanas de lucha habían causado muchas bajas en el bando yihadista. El día antes de poder escapar, "se apreciaba un gran cansancio; por las luces pudimos ver que estábamos rodeados. Le dije a Dios y me dije a mí mismo: tengo que intentarlo ahora. Que Dios me ayude". Se produjo un pequeño milagro: no hubo disparos durante catorce minutos. El sacerdote y otro rehén escaparon el 17 de septiembre de 2017.

A pesar de las experiencias traumáticas del cautiverio, Padre Teresito irradia paz y esperanza. "Nadie quiere tener una experiencia así – dice – yo viví esos meses siempre pensando que moriría". Pero también fueron 116 días de oración continua. "Viví mis propias lamentaciones. Grité: ¿Por qué yo, Señor? ¿Por qué has permitido esta situación?"

Hubo muchos gritos de lamento, pero también de acción de gracias. "Esperaba mi muerte; no podía entender cómo era posible que estuviera sobreviviendo los continuos combates". Comenta que no es un hombre fuerte, pero que ha aprendido que podía ser fuerte, con Dios, en la fe. Que podía "escuchar el grito de mi corazón y seguir diciendo: ¡Sé que estás aquí! Eso me enseñó humildad y reverencia. Incluso en una situación así". Fue una ocasión para aprender a rezar de nuevo, dice el sacerdote con mayor antigüedad de Marawi.

La mano de la Iglesia para sanar el conflicto

La fundación pontificia ACN apoya un proyecto diocesano que proporciona asistencia a 200 hombres, mujeres y niños que han estado secuestrados durante meses y que han padecido sufrimientos físicos y mentales. Entre estas personas hay también mujeres y algunas niñas muy jóvenes que han sido víctimas de violaciones. Tanto cristianos como musulmanes son atendidos por igual. Gracias a la ayuda de nuestros benefactores, ACN apoya este proyecto con 15.000 euros.

Otra iniciativa de la Iglesia local es el proyecto Youth for Peace (Jóvenes por la Paz): 184 estudiantes cristianos y musulmanes visitan campos de desplazados en los que siguen viviendo decenas de miles de personas que han huido de la ciudad. Los estudiantes ayudan a los desplazados independientemente de su religión, con el fin de dar testimonio de que la coexistencia pacífica es posible incluso después de los terribles acontecimientos de 2017. ACN ayuda este proyecto con 60.000 euros.

Lo más