¿Cuál es la historia de los siete obispos a los que beatificará el Papa en su viaje a Rumanía?

El último día de su visita a Rumanía, Francisco hará beatos a siete obispos que se mantuvieron fieles en la fe y a Roma durante la persecución comunista

De izquierda a derecha, los obispos grecocatólicos Hossu, Frentiu y Rusu

De izquierda a derecha, los obispos grecocatólicos Hossu, Frentiu y Rusu 

@evaenlaradio

Corresponsal de COPE en El Vaticano

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 09:27

El domingo 2 de junio, en la ciudad rumana de Blaj, el Papa beatificará a siete obispos asesinados durante la dictadura comunista en los años 50.

La mayoría de ellos sufrieron cárcel y tortura en los años previos a que Nicolás Ceasucescu se convirtiera en el máximo responsable del país, cargo que asumió en 1967 hasta que fue ejecutado en 1989. Previamente, entre 1965 y 1989 había sido secretario general del Partido Comunista rumano.

Un poco de historia

Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, en Rumanía vivían un millón y medio de católicos de rito oriental. Tal como había sucedido con otros países del este de Europa, el país había sido ocupado por tropas soviéticas, por lo que se convirtió en uno de los satélites comunistas bajo el control de la Unión Soviética.

Los católicos de rito oriental que vivían en Rumanía habían recuperado la unión con Roma en 1698. Llevaban desde hace siglos en perfecta sintonía con ja jerarquía romana, pero las autoridades comunistas, con la connivencia de la iglesia ortodoxa, orquestaron una estrategia para separar a los católicos de la fidelidad a Roma, siguiendo órdenes de Moscú.

Comenzó entonces una durísima persecución contra los greco católicos. Su plan inicial era convocar un falso concilio que desencadenara la ruptura con la Santa Sede, pero para conseguirlo necesitaban que al menos alguno de los obispos greco católicos se "convirtiera" a la Iglesia oficial.

A partir de ese momento se puso en marcha una campaña para que los sacerdotes greco-católicos se integraran en la Iglesia Ortodoxa, que era mucho más “controlable”. A pesar de los “métodos” empleados, de 1.600 sacerdotes sólo cedieron 38.

La persecución fue especialmente dura y cruel hacia los obispos, en el intento de que renunciaran a la fe y a la autoridad del Papa . Casi ninguno se libró de la cárcel y de la torturas. Cientos de sacerdotes greco-católicos fueron detenidos y presionados para forzar su renuncia, y muy pocos sobrevivieron para contarlo. Algunos murieron en prisión, otros fueron ejecutados por oponerse al régimen o murieron posteriormente a causa de los malos tratos.

Cuando los obispos del país fueron detenidos, la Nunciatura vaticana en Bucarest procedió a ordenar rápidamente a 6 nuevos obispos más jóvenes: Alexandru Todea, Titu Liviu Chinezu, Ioan Chertes, Juliu Hirtea, Ioan Ploscaru y Ioan Dragomir, que terminaron siendo encarcelados, aunque consiguieron sobrevivir a la prisión y torturas.

Finalmente el gobierno comunista declaró ilegal a la Iglesia greco-católica. La disolvió y se confiscaron sus edificios y sus bienes. El régimen no podía aceptar ninguna actividad religiosa de la que no tuviera el control. De esta persecución tampoco se libraron otras confesiones religiosas cristianas.

Según los historiadores, en aquella época el número de detenidos políticos, pudo oscilar entre los 600.000, repartidos en campos de trabajos forzados.

Los obispos mártires 

El pasado 19 de marzo el Papa Francisco reconoció el martirio de Valeriu Traian Frentiu, obispo de Oradea Mare; Vasile Aftenie, obispo titular de Ulpiany y rector de la Academia Teológica en Blaju; de Ioan Suciu y Tit Liviu Chinezu, administrador apostólico y obispo auxiliar, respectivamente, de la arquidiócesis de Fagaras y Alba Iulia; de Ioan Balan, obispo de Lugoj; Alexandru Rusu, obispo de Maramures; y Iuliu Hossu, obispo de Cluj, quien fue además creado cardenal "in pectore" por el papa San Pablo VI, quien reveló este nombramiento tras su muerte.

“In pectore​” es la expresión latina utilizada por la Iglesia católica para referirse a los nombramientos de cardenales que realiza el Papa pero que no se hacen públicos, casi siempre por motivos de seguridad, en lugares donde la Iglesia es perseguida.

Conozcamos ahora a los nuevos beatos:

-Valeriu Traian Frentiu fue arrestado el 28 de octubre de 1948 y recluido en el campo de concentración de Dragoslavele, después en el Monasterio de Caldarusani -convertido en centro de reclusión-. En 1950 llegó al centro penitenciario de Sighet. En esta última cárcel no soportó las duras condiciones de la prisión y falleció el 11 de julio de 1952 con 77 años. Su cuerpo fue enterrado sin féretro en una fosa común en el conocido como Cementerio de los Pobres. La tumba fue nivelada para que el lugar del entierro no se conociera nunca, pero en 2008 se encontraron sus huesos.  

-Vasile Aftenie Fue arrestado el 28 de octubre de 1948 y trasladado primero a Dragoslavele y luego al campo de concentración construido en el Monasterio de Caldarusani, donde fue torturado y mutilado ante su negativa a hacerse ortodoxo. Por último, fue encarcelado en la prisión de Vacaresti, donde murió el 10 de mayo de 1950, pero logró al menos un funeral católico y una tumba en el cementerio católico de Belu, en Bucarest.

Ioan Suciu fue arrestado el 28 de octubre de 1948 y siguió el mismo recorrido que los otros obispos: primero sufrió prisión en Dragoslavele y luego en el Monasterio de Caldarusani. En 1950 lo trasladaron a la cárcel de Sighet donde fue torturado y abandonado entre enfermedades e inanición. Se dice que murió en brazos del obispo Juliu Hussu y que los carceleros arrastraban su cadáver por las escaleras para que todos oyeran el golpeteo. Tenía 46 años. También fue enterrado en una fosa común. 

-Tit Liviu Chinezu fue arrestado el 28 de octubre de 1948 junto a otros sacerdotes y obispos y trasladado al monasterio de Neamt. Después lo condujeron hasta la cárcel de Caldarusani donde, el 3 de diciembre de 1949, recibió la ordenación episcopal de otros obispos prisioneros. Cuando la noticia de la ordenación llegó a las autoridades comunistas, el nuevo obispo fue llevado al centro penitenciario de Sighet. Allí padeció una grave enfermedad por culpa de los trabajos forzados, el hambre y el frío. En enero de 1955 lo pusieron en una gélida celda sin ventanas, cuando la temperatura exterior era de 20 grados bajo cero. Murió el 15 de enero de 1955 y fue enterrado en una fosa común. 

-Ioan Balan fue arrestado el 28 de octubre de 1948 y recluido en Dragoslavele y luego en el monasterio de Caldarusani. En mayo de 1950 fue trasladado al centro penitenciario de Sighet y se le condenó a trabajos forzados extenuantes. Tenía 70 años. En 1956 fue llevado hasta el monasterio de Ciorogarla donde enfermó gravemente. Cinco años después, cuando se cerró Sighet se le mantuvo bajo vigilancia, enfermo y agotado, en monasterios ortodoxos, hasta que murió en 1959.

-Alexandru Rusu fue deportado a Dragoslavele el 28 de octubre de 1948, más tarde al monasterio de Caldarusani y al centro penitenciario de Sighet donde pasó mucho tiempo en una celda desnudo, encadenado de pie y en oscuridad absoluta. Puesto en libertad vigilada, en 1956 firmó con los obispos Ioan Balan y Ioan Hussu un documento en defensa de los derechos religiosos de los grecocatólicos. Volvieron a detenerlo y en 1957 el régimen lo condenó a 25 años de trabajos forzados. Trasladado posteriormente a otras prisiones, enfermó y murió el 9 de mayo de 1963.

- Iuliu Hossu fue arrestado el 28 de octubre de 1948 y deportado a Dragoslavele. Luego fue trasladado al monasterio de Caldarusani y más tarde a la cárcel de Sighet. Al cabo de unos años lo dejaron marchar, pero como organizó una misa solemne en la plaza de la Universidad de Cluj lo volvieron a encarcelar en 1956. Tras pasar por otros centros de reclusión lo trasladaron de nuevo al monasterio de Caldarusani. Permaneció encarcelado hasta su muerte el 28 de mayo de 1970. Tal cómo hemos señalado anteriormente, Pablo VI lo nombró cardenal en secreto en 1969, algo que se supo sólo en 1973, cuando ya estaba muerto.

Aunque ya han pasado más de 60 años, los cadáveres de tres de ellos siguen sin aparecer. Uno de los pocos que sobrevivió a esta terrible época fue Alexandru Todea, consagrado obispo en 1950. Nada más descubrir que había sido ordenado en secreto fue encarcelado de 1951 a 1964. Al salir, consiguió reorganizar a quienes vivían su fe en la clandestinidad y al caer el comunismo fue nombrado arzobispo y luego cardenal con Juan Pablo II. 

Durante el tiempo de la persecución fueron ordenados cerca de 200 sacerdotes

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