La vuelta a los pueblos en verano

La vuelta a los pueblos en verano
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Mons. Gerardo Melgar Queridos diocesanos:
Cualquiera que haga una visita a nuestros pueblos se dará cuenta de que el fenómeno de la despoblación es una dura realidad que afecta a la mayoría de ellos. En unos pocos núcleos se reúne la mayoría de la población mientras que en otros quedan tan solo algunas personas mayores con sensación de soledad, impotencia y desamparo.
Junto a esta realidad podemos constatar que nuestras gentes, especialmente estas personas que quedan en los pueblos, siguen siendo -por lo general- acogedoras, agradecidas y, religiosamente, fervorosas. Sí, son ellas las que mantienen la fe y sus tradiciones religiosas, como bien he podido comprobar en mi reciente Visita Pastoral (donde tan bien y con tanto cariño me han recibido como a su padre y pastor). Así mismo, saben valorar tremendamente los esfuerzos que nuestros sacerdotes hacen cada día para atender espiritualmente tantas localidades y comprenden que muchos sacerdotes -con un gran número de parroquias a su cargo- no puedan hacerse tan presentes como a ellos les gustaría para poder llevarles el Evangelio de Jesucristo.
Sin embargo, durante el verano nuestros pueblos cambian radicalmente su imagen y su realidad: sus calles se llenan de matrimonios que pasan las vacaciones en su pueblo natal -aunque el resto del año estén fuera- porque allí tienen a sus padres o la vivienda de sus padres; de este modo, las otrora calles silenciosas y frías se llenan de alegría con la presencia y los gritos de niños, adolescentes jóvenes, etc. Los pueblos, podemos decir, se visten de fiesta y abren sus puertas a que tantas personas pasen sus vacaciones en el lugar donde tienen sus raíces. Son personas que nunca han olvidado el lugar que les vio nacer o crecer, aunque tuvieran que abandonarlo por diversas circunstancias de la vida, y a las que les emociona poder revivir los recuerdos del pueblo, de la familia, de los amigos, etc. en el lugar en que crecieron.
En el corazón de estos recuerdos están los religiosos. ¡Tantas experiencias cristianas vividas desde la niñez! Se trata de vivencias que un día tuvieron gracias a sus padres, a la formación cristiana recibida, pero que quizá, por circunstancias de la vida o por no darles el valor que en realidad tienen, han quedado prácticamente olvidadas y relegadas a un pequeño rincón del corazón. También estas vivencias y experiencias se renuevan en el pueblo, en la fiesta patronal, al contemplar la ermita de la localidad donde acudían de pequeños agarrados de la mano de los padres a rezar con cariño a la Virgen del Cielo.
Renovarse espiritualmente en los diferentes lugares que nos han visto nacer y crecer tiene una gran importancia. Hoy, para muchas personas, la vivencia auténtica de la fe durante el resto del año apenas ha quedado reducida a un lejano recuerdo; ahora bien, el verano, al contacto con las personas de siempre, con las tradiciones religiosas de sus mayores, puede ayudar a hacer renacer vigorosamente esa fe descuidada para ser descubierta como el primero de los valores existenciales, como algo que merece la pena vivir radicalmente del mismo modo que lo hicieron los padres y abuelos.
Con estas líneas me gustaría animar a tantos que se acercan en estas semanas a nuestros pueblos a que no descuiden la fe, el fecundo campo de vivencias y experiencias religiosas, sino que la vivan con fortaleza y verdadera intensidad. Ojalá el contacto con los nuestros nos ayude a imitar a nuestros mayores, de los que aprendimos la belleza de la fe en el Señor Jesús. Hago también una llamada especial a todos aquellos que pasan sus vacaciones en el pueblo y que, durante el resto del año, están comprometidos en sus parroquias para que sigan desplegando su compromiso cristiano en la parroquia de su propio pueblo, de tal manera que se ofrezcan al sacerdote a animar la celebración dominical del pueblo cuando éste no pueda celebrar la Eucaristía.
Igualmente, hago una llamada a los Sres. alcaldes de los distintos pueblos y a todos los que organizan las fiestas patronales para que lo hagan en coordinación con los sacerdotes, poniéndose de acuerdo en el día y en la hora en que va a tener lugar la celebración de la fiesta. Tened en cuenta que el sacerdote que os atiende tiene otros pueblos -casi siempre muchos- y que debe coordinar los días y las horas para poder atenderos a todos lo mejor posible; entended que no pueda estar en todas las parroquias a la mejor hora ni quizá podrá presidir todos los actos religiosos que se organicen. Estoy seguro que seréis, como hasta ahora, comprensivos y generosos.
Os deseo a todos un feliz verano en vuestros pueblos; ojalá que vuestra estancia en ellos, y la vivencia de la fe en el mismo lugar donde la recibisteis, os ayude a seguir cuidándola, valorándola y viviéndola con profundidad y autenticidad.
¡Feliz verano para todos en los pueblos donde nacimos y crecimos física y espiritualmente!
+Gerardo Melgar
Obispo de Osma – Soria





