La Vigilia Pascual (1): fuego, cirio y procesión

La Vigilia Pascual (1): fuego, cirio y procesión
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Mons. Joan E. Vives La celebración pascual es la fiesta madre de todas las fiestas cristianas. Por eso llamamos "pascua semanal" a la Eucaristía dominical. Conviene, por tanto, que nos fijemos en los elementos que configuran la celebración principal de nuestra fe, la Vigilia Pascual, para aprender lo que son todas las Vigilias cristianas, y todas las Fiestas y Eucaristías. Es lo que reflexionaremos en estos artículos durante el tiempo pascual, para que sean elementos que marquen nuestra vivencia de la fe.
La noche santa de Pascua, VELAMOS y REZAMOS PARA PARTICIPAR DE LA VICTORIA de Cristo sobre la muerte y para vivir con Él, en Dios. No podemos dormir ni estar distraídos. Necesitamos "esperar" al Esposo de la Iglesia que llega, Vencedor de la muerte y de los "infiernos", de todos los infiernos, que no se le han podido resistir, ya que Él es la Vida que vence toda muerte y todo mal. No podemos dormir hoy. Le esperamos a Él que está vivo. "Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap3,20). Y descubrimos así que toda vida cristiana es vela, espera, deseo del amanecer, atención al que llega lleno de Luz, ya que Él es "la Luz del mundo" (Jn 8,12).
La noche de la Vigilia pascual se enciende y se bendice el FUEGO NUEVO, que quema todo lo que es antiguo, que une a su alrededor y da calor a los desesperanzados que caminan sin luz. Y con este fuego encendemos el CIRIO PASCUAL. Todo lo que era viejo, caduco, pecado… lo quemamos, y nos dejamos renovar por las llamas de una luz nueva y de un fuego nuevo. También marcamos el cirio pascual: "Cristo, ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega; de Él son los tiempos y los siglos, a Él la gloria y el poder por toda la eternidad". Es el día primero de la nueva creación, el día "octavo" de la creación divina. "Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo" (Sal117,24). Todo comienza con la Resurrección de Cristo, y todo lleva a su plenitud. Desde Él contamos nuestra vida, el tiempo, la esperanza… Le pedimos a Dios que bendiga nuestro hoy y nuestros tiempos, para que conduzcan a la humanidad hacia su plenitud en Cristo.
Y con los cirios encendidos aclamamos a Cristo diciendo que alabamos al Señor, que es luz. Y entramos en el temploEN PROCESIÓN, irradiando la luz de Cristo que llevamos en las manos, y alumbrando a nuestro alrededor: "Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,13-14). La Iglesia Madre nos reúne en procesión, como pueblo, para caminar juntos, reunidos de todas las razas, pueblos y naciones, ya que SOMOS EL PUEBLO DE DIOS, que guiado por la Luz de Cristo y por sus ministros, camina. Nos ayudamos en el camino y llamamos a muchos, que están sentados en los márgenes de la vida y en las periferias, para que como el ciego Bartimeo, se unan a nosotros, diciéndoles: "¡Ánimo, levántate, que te llama" el Señor! (Mc 10,49).
El inicio de la Vigilia Pascual, el lucernario, nos hace sentir que somos un pueblo que ha sido iluminado por Cristo mismo, un pueblo unido y santo, que vive la comunión de los santos, y que da testimonio de la fe con su amor, desde los carismas y dones que el Espíritu le regala. La Vigilia pascual vivida nos sitúa por pura gracia en el camino de la alegría por la luz de Cristo que nos guía y habita en nosotros, y nos hace cantar la alabanza de quien es Luz y Fuego, y que ha resucitado de entre los muertos para no morir nunca jamás.
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell





