Velad: atención al dinero de la vida

Velad: atención al dinero de la vida
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Los ojos de los iconos y de las imágenes románicas son fascinantes. Parece que son el reflejo de la llamada de Jesús a vivir "despiertos".
Lo contrario de la banalización y la inhibición es la vigilancia. Es insistente la preocupación de Jesús por aquellos que viven como inhibidos, interesadamente despistados. Hemos de vivir con los ojos abiertos. Ser cristiano consiste en "ver", verse uno mismo, el mundo y toda la realidad, con los ojos de Dios.
Ahora bien, la clarividencia de los ojos de Dios, dando por supuesto que es un don suyo, se consigue si cumplimos tres condiciones, Por un lado, aguantar el firme propósito de mantener los ojos abiertos, sea cual sea la realidad descubierta. Por otro, haberse liberado de múltiples espejismos, imágenes engañosas, que solo hacen que deslumbrar y seducir ocultando la verdad. Por otro, desear intensamente esa verdad que solo descubren los ojos grandes y bien abiertos.
Entre las realidades más seductoras, que nos adormecen e impiden descubrir la verdad, está la riqueza y su correlato el dinero, que nos permite acceder a ella.
¿Qué tiene que ver el dinero con la felicidad? Hay diferentes opiniones acerca de si el dinero da la felicidad.
El dinero obnubila y adormece. En una conversación, que no perdió su tono amable, alrededor de una mesa abastecida de abundante y buena comida, pude experimentar la dificultad de convencer a un joven de que al menos cuestionara la opinión de que el dinero diera la felicidad. Estaba absolutamente convencido de que sí. Opté por no seguir la conversación, aunque entristecido al ver que era un joven quien defendía tal postura. Por desgracia su historia personal no era precisamente un modelo de madurez, trabajo y limpieza.
Estamos dispuestos a afirmar que el dinero tiene en sí mismo muchas virtualidades: el dinero vale porque es instrumento de poder. Y el poder, en el sentido de "capacidad" de obtener algo, no es malo. Hoy se suele decir que "hemos de empoderar" a los débiles, las víctimas, los marginados, etc.
La cuestión, por tanto, no es si tener o no tener dinero ? poder, sino qué hacemos, qué podemos y debemos hacer con él, de forma que proporcione felicidad.
Aquí conviene recordar aquel mensaje de San Pablo en su discurso de despedida de los presbíteros de Éfeso, evocando que él había socorrido a los débiles trabajando con sus propias manos: "el Señor Jesús nos dijo que mayor felicidad hay en dar que en recibir" (Hch 20,35) Sorprendente paradoja del Evangelio: el dinero ? poder nos hace más felices cuando lo damos. Jesús nos había enseñado que hemos de aprender de los hijos de las tinieblas, que son capaces de ganarse amigos con el dinero injusto? (cf. Lc 16,9)
Estamos en plena campaña, que llamamos de "Germanor". Una vez al año centramos la atención sobre el deber que tenemos todos de ayudar a la Iglesia Diocesana en sus necesidades. Es, por tanto, una llamada a desprendernos y dar a la Iglesia algo de lo que tenemos.
Pero este gesto de "dar", hoy tiene un significado especial. No se trata solo de "dar", sino de compartir. Es más, damos, no para tener amigos, sino porque somos amigos, es decir, hermanos. Este es el sentido profundo del día de "Germanor".
Por tanto, este es el gran mensaje. Caminemos con los ojos abiertos, con aquellos ojos clarividentes, que descubren, con la mirada de Dios, los hermanos en la fe, y estimulan a compartir los bienes en la comunidad. Entonces, a la alegría de dar se añadirá el gozo de compartir.
? Agustí Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat





