Tecnologías informativas que ayuden a la fe y la solidaridad

Tecnologías informativas que ayuden a la fe y la solidaridad
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. Joan E. Vives La transformación de las tecnologías de la información y de la comunicación que está experimentando nuestro mundo tiene efectos decisivos en la vida de las personas, en su modo de relacionarse, de trabajar, de desarrollar sus actividades básicas. Quizás en todas las familias refunfuñamos un poco por tantos móviles y tabletas… De hecho, se está configurando un nuevo mundo, una nueva tierra de misión, un espacio que no puede ser indiferente a la transmisión de la fe. Las nuevas tecnologías abren horizontes nuevos, nuevas posibilidades que hay que explorar con detenimiento y que son una ocasión idónea para establecer lazos de fraternidad y de entendimiento entre culturas, pueblos y naciones geográficamente alejados. Nos permiten acceder a mundos muy distantes y a establecer conexiones personales con mucha facilidad y accesibilidad. Esta interacción entre identidades diferentes puede hacer posible la emergencia de un mundo más fraterno y solidario, más sensible a su riqueza y diversidad. Vivimos en lo que los expertos han llamado el pueblo global (the global village), pero para vivir dignamente, debe haber una globalización de la solidaridad, de los derechos de todos los ciudadanos de la tierra.
Como en todo fenómeno nuevo, hay que discernir, atentamente, las luces y las sombras que van asociadas a esta novedad. El ser humano es, por definición, un ser social, está llamado, por su misma naturaleza, creada a imagen y semejanza de un Dios trinitario, a establecer vínculos, a construir redes, a salir de sí mismo, como remarca el Papa Francisco, para ir al encuentro del otro y forjar una comunidad de amor. No somos islas, nos necesitamos unos a otros y no podemos crecer al margen de la comunidad. "Somos don y estamos hechos para el don", decía el Papa emérito, Benedicto XVI, en su última encíclica, Caritas in veritate. Esta salida de sí mismo, pide audacia, porque hay que superar el miedo, aunque es el único modo de poder expresar los propios dones en el mundo y embellecerlo con la propia presencia.
Las tecnologías de la información y de la comunicación nos permiten establecer puentes, crear sinergias, compartir experiencias y conocimientos y eso hace aumentar nuestra visión de la realidad y el sentido de cosmopolitismo. Nunca como ahora en la historia nos habíamos sentido tan ciudadanos del mismo mundo, de un mundo global, que es interdependiente y frágil, y en el que todos estamos llamados a entendernos y a encontrar caminos de pacificación. Elfenómeno de la globalización de las comunicaciones es un fenómeno ambiguo y complejo, pero representa un salto cualitativo en la historia de la humanidad. No podemos caer en la indiferencia. El conocimiento de las realidades y los sufrimientos de los demás debe ser un estímulo para luchar contra el mal. Y para lograr este reto, no hay que caer en lo que el Papa Francisco, en Lampedusa, ante la vergüenza de los emigrantes abandonados, ha llamado laglobalización de la indiferencia. La red nos permite tener conocimiento de lo que ocurre en las periferias de la existencia y esto nos obliga a ser más responsables socialmente y más cuidadosos con el medio ambiente. Interesa especialmente reflexionar sobre el nuevo marco y averiguar en qué manera puede favorecer el pleno desarrollo de la persona y el progreso integral de los pueblos, que no sólo exige su desarrollo económico, material, sino también su dimensión social y espiritual. Nos conviene discernir los signos de los tiempos y utilizar el nuevo marco de las comunicaciones para desarrollar nuestros horizontes más valiosos y transmitir en ellos la fe y la solidaridad.
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell





