Solemnidad de la Santísima Trinidad y día Pro Orantibus

Solemnidad de la Santísima Trinidad y día Pro Orantibus

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

5 min lectura

Mons. Manuel Ureña Dios es el Primero y el Último, el Principio y el Fin de todo cuanto existe. Los seres de la creación visible y los seres de la creación invisible son, sin duda, importantes y gozan de sustantividad y de autonomía propias, pero deben su ser a Dios y en Él encuentran su origen y su plenitud. Por tanto, su autonomía no es absoluta, sino relativa. De ahí que la criatura quede oscurecida y se esfume cuando olvida su religación constitutiva a Dios.

¿Quién es Dios? Dios es Espíritu, Espíritu infinito, creador, trascendente a lo creado, un ser uno y único, el ser absoluto. Ahora bien, este ser espiritual puro, uno, creador y trascendente al ser creado, aun siendo uno, es simultáneamente trino. Es uno en naturaleza y trino en personas. Como dice el Martirologio Romano, "confesamos y veneramos al único Dios en la trinidad de personas, y la trinidad de personas en la unidad de Dios".

Pero ¿cómo puede ser Dios totalmente uno e indiviso y, al mismo tiempo, ser trino? Nosotros, los hombres, por medio de la razón, podemos alcanzar a conocer a Dios sólo parcialmente. Por eso, debemos abrirnos a Dios y pedirle con humildad se nos muestre y nos desvele Él mismo de modo directo aquellas dimensiones de su ser que nosotros no podemos conocer sólo con la ayuda de la razón finita y herida.

En realidad, eso es precisamente lo que Dios ha hecho: desvelarnos plenamente su ser por medio de su Palabra revelada, contenida en la Escritura y en la Tradición, y cuyo núcleo es Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne, última y definitiva.

Dios ha procedido así para que los hombres podamos conocer al Dios verdadero, le podamos adorar y no caer en la idolatría. De este modo, podremos servir también a los hermanos desde la verdad de Dios, que es amor. Sólo así el hombre evitará afligir a sus prójimos desde una falsa imagen de Dios, lo que no pocas veces ocurre con el fundamentalismo religioso. Y sólo así logrará amarles con el verdadero amor, que es la "caritas divina".

Pues bien, desde la Palabra de Dios conocemos que Dios, siendo uno, es también trino: uno en naturaleza y trino en personas. En efecto, según la Revelación, la Trinidad es una. No confesamos tres dioses, sino un solo Dios en tres personas. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: el Padre es lo mismo que el Hijo; el Hijo, lo mismo que es el Padre; y el Padre y el Hijo, lo mismo que es el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios (cf CCE 253).

Y, sin embargo, las personas divinas son realmente distintas entre sí. Dios es uno y único, pero no solitario. "Padre", "Hijo" y "Espíritu Santo" no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues tales nombres designan personas realmente distintas entre sí. Éstas son distintas entre sí por sus relaciones de origen: el Padre es quien engendra; el Hijo, quien es engendrado; y el Espíritu Santo es quien procede del Padre y del Hijo (cf CCE 254).

Finalmente, las personas divinas, distintas entre sí, son inseparables no sólo en virtud de su misma naturaleza, sino también en virtud de sus obras. Toda la economía divina es obra común de las tres personas divinas. Sólo que cada persona divina realiza la obra común según su propiedad personal (cf CCE 258 y 267).

La Iglesia sitúa anualmente el Día "pro orantibus" justo en el domingo en que aquélla celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad.

De este modo, si el domingo pasado, solemnidad de Pentecostés, la Iglesia centraba su atención en el apostolado seglar y en la Acción Católica, forma cardinal del apostolado seglar consociado, hoy, domingo IX del tiempo ordinario, cuando levantamos especialmente la mirada al Dios uno y trino, oramos "por los que oran" (pro orantibus), esto es, por los religiosos y religiosas de vida contemplativa, por los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios por medio de la oración, el trabajo, la penitencia y el silencio. Como tan bien nos recuerda en su Presentación de la Jornada Mons. Vicente Jiménez Zamora, Obispo de Santander y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, "toda la Iglesia debe orar al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés vocacional por la vida consagrada contemplativa".

Así, pues, la vinculación de la celebración del día "pro orantibus" al domingo de la Santísima Trinidad no es fortuita.

El Decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II, en el número 8, describe así la naturaleza y la finalidad de la vida consagrada religiosa contemplativa: "Los institutos puramente contemplativos, cuyos miembros, dados totalmente a Dios en la soledad, en el silencio, en la oración constante y en la austera penitencia, por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, ocupan siempre una parte preeminente en el Cuerpo místico de Cristo, en el que todos los miembros no tienen la misma función (Rom 12, 4). Ellos, en efecto, ofrecen a Dios el excelente sacrificio de la alabanza, enriquecen al pueblo de Dios con frutos espléndidos de santidad, arrastran con su ejemplo y dilatan las obras apostólicas con una fecundidad misteriosa. De esta forma, son el honor de la Iglesia y representan un torrente de gracias celestiales". En el mismo sentido se expresa el Papa Beato Juan Pablo II en la exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata, nº 8.

El lema de este año está tomado del Salmo 34, 6 y dice así: "Contempladlo y quedaréis radiantes". ¡Qué gran necesidad tiene hoy la Iglesia de los contemplativos/as! A través de la contemplación, los monjes y las monjas entran en contacto con la luz de Cristo. Por consiguiente la contemplación es portadora de la luz para la nueva evangelización. Con razón decía el Santo Padre en octubre el año pasado que "el mundo de hoy necesita personas que hablen a Dios para poder hablar de Dios".

Demos gracias a Dios por el don de la vida contemplativa, por todos aquellos que, como Santa Teresa de Jesús, viven la vida desde el gran principio de "Sólo Dios basta".

? Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Visto en ABC

Tracking