Solemnidad de CORPUS CHRISTI. Día y Colecta de la caridad

Solemnidad de CORPUS CHRISTI. Día y Colecta de la caridad
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Mons. Manuel Ureña Celebramos hoy en la Iglesia la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el cual, "con estos alimentos sagrados, ofrece a los hombres el remedio de la inmortalidad y la prenda de la resurrección". Así se expresa sobre este día el Martirologio Romano.
De este modo, si el Jueves Santo contemplamos a Jesucristo entregándose a la muerte, y a la muerte en cruz, por nosotros (horizonte vertical de la Pascua del Señor), hoy, día de Corpus Christi, ponemos el acento en la otra dimensión de la Eucaristía: la dimensión horizontal o de banquete. Pues, en la Eucaristía, no sólo se nos muestra Cristo obedeciendo al Padre y siendo llevado por éste a la muerte redentora. La Eucaristía nos manifiesta también a Cristo como víctima sin duda grata al Padre, pero como víctima que se hace don para los demás. El cuerpo de Cristo entregado por nosotros y la sangre derramada en el árbol de la Cruz constituyen el alimento necesario para la vida de los hombres.
Ahora bien, las consecuencias sociales que derivan de esta segunda dimensión de la Eucaristía son tremendamente comprometedoras para nuestras vidas. En efecto, al participar en la comunión del cuerpo y de la sangre del Señor, llegamos a ser otros Cristos y, por tanto, también nosotros, los cristianos, pasamos a ser cuerpo entregado y sangre derramada para la vida de los demás. Ciertamente, en la Eucaristía, Jesús se nos da a sí mismo como pan partido y repartido, como vida totalmente entregada para la vida del mundo. Pero, como han puesto singularmente de relieve nuestros obispos en su Mensaje con motivo de la presente solemnidad, "Jesús, al darnos su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, no sólo nos enseña a compartir el pan, sino también a hacer de nuestras vidas una mediación de su amor a los más desposeídos. El Señor ha querido necesitarnos para llevar la luz y la vida a los que carecen de ella; una luz que nos permite conocer la verdad, y una vida que, como el agua prometida por Jesús a la Samaritana, salta hasta la vida eterna. No podemos olvidar que la Eucaristía nos abre al conocimiento y a la experiencia de Dios, que es nuestra mayor necesidad; por tanto, la más importante obra de caridad".
Esto supuesto, en el día de Corpus Christi, la Iglesia cobra especialmente conciencia de que ella es, con Cristo, de cuyo cuerpo y de cuya sangre comulga, don para la humanidad. Y, por eso, sale al encuentro de los hombres, justo para ofrecer a éstos la vida plena: la vida del alma y la vida del cuerpo, el Evangelio del pan de los ángeles y el Evangelio del pan de la tierra, la vida necesaria para la realización de la persona en su dimensión trascendente y en su dimensión inmanente.
Mucha necesidad de Dios tienen los hombres de nuestro tiempo. Y no menor necesidad del pan de la tierra padecen también hoy muchos de nuestros contemporáneos.
Instalados en una crisis económica sin precedentes, cuyas causas se encuentran en la ausencia de la práctica de una moral objetiva, cuyo último fundamento es siempre Dios, asistimos hoy en España al horrible espectáculo de cinco millones y medio de hermanos nuestros que no tienen trabajo; a miles de empresas abocadas a reducir plantillas o a cerrar puertas. Tampoco podemos hacer caso omiso a algunas formas de actuar de personas e instituciones que, llamadas de un modo especial a orientar sus proyectos y acciones con justicia y transparencia, no son ejemplares en el ejercicio de tales deberes.
Así, pues, pedimos a Jesús Eucaristía nos ayude a hacer de nuestras vidas una entrega generosa y gratuita, a ofrecernos a nosotros mismos como don a los demás, a compartir lo que tenemos con aquellos que no tienen lo mínimo necesario, a ser testigos del Evangelio de Cristo entre nuestros hermanos más necesitados.
La colecta del día de hoy será entregada a Cáritas, que es la institución oficial de la Iglesia Católica para la comunicación de bienes a los más pobres de la sociedad. Nacida del corazón mismo de la Iglesia, Cáritas desarrolla una actividad multiforme entre los más necesitados. Los datos que ofrece su memoria son impresionantes. No en vano se observa la emergencia de taimados intentos de desvincular a Cáritas de la Iglesia Católica y de presentarla como nacida de la sociedad, como una mera ONG, cosa que ya ocurrió hace años con otras obras de acción social de la Iglesia.
Tres consejos nos da Cáritas: que vivamos sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir; que, abandonando modelos económicos fracasados, generadores de pobreza y de exclusión, entremos en otros caminos posibles que apuntan hacia una economía social, más equilibrada y justa; y que, sobre todo, incorporemos a nuestros modos de proceder la "economía de la gratuidad", sabiamente señalada por el Santo Padre, el Papa, Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate.
? Manuel Ureña
Arzobispo de Zaragoza





