Signo vivo de la presencia de Cristo resucitado

Signo vivo de la presencia de Cristo resucitado

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

5 min lectura

Mons. Barrio Queridos Miembros de la Vida Consagrada:

En esta jornada me dirijo a vosotros compartiendo, en este Año de la Fe, que creer es fiarse por completo de la fidelidad de Dios, de su amor inquebrantable y de su perdón, y sentirse "en un crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios"1. Así, "la puerta de la fe" (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida"

2.

Cristo, referencia fundamental

Dice un proverbio: "El ave canta aunque la rama cruja, porque

conoce lo que son sus alas". Es necesario fortalecer las alas de la vida espiritual.

Y para ello considero que hemos de tener unas referencias claras que nos

ayudarán a superar las dificultades, reavivando el propio carisma. La referencia fundamental es Cristo, Palabra y gracia del Padre, el tesoro escondido, la perla preciosa por la que merece la pena venderlo todo. Es lo mejor que se nos ha dado, y lo mejor que podemos ofrecer a los demás. De Cristo podemos fiarnos (cf. 2Tim 1,12). "La Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre luz y fuerzas por su Espíritu, para que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado a los hombres bajo el cielo ningún otro hombre en el que haya que salvarse"3. El proceso de conocer a Cristo para amarle y seguirle radicalmente al servicio del Reino de Dios se percibe claramente en las múltiples formas de la Vida Consagrada, trasluciendo que los consagrados son "signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo".

Vida desde la gratuidad

Otra referencia es un estilo sereno de vida desde la gratuidad donde se reconoce la benevolencia y la bondad de Dios, y que pide horas prolongadas de silencio y comunión más allá de lo exigido por la norma o lo establecido. Esta vida en el tiempo se abre a una plenitud que va más allá de la historia de los hombres y que conduce a la comunión eterna con Dios. Jesús no se presenta a la mujer samaritana simplemente como aquel que da la vida sino

como el que da la "vida eterna" (Jn 4, 14). "El don de Dios que la fe hace

presente, no es simplemente la promesa de unas mejores condiciones de vida en este mundo, sino el anuncio de que el sentido último de nuestra vida va más allá de este mundo y se encuentra en aquella comunión plena con Dios que esperamos en el final de los tiempos. De este sentido de la vida humana más allá de lo terrenal son particulares testigos en la Iglesia y en el mundo cuantos el Señor ha llamado a la vida consagrada, una vida que, precisamente porque está dedicada totalmente a él, en el ejercicio de la pobreza, la castidad y la obediencia, es el signo de un mundo futuro que relativiza cualquier bien de este mundo"4.

Sentido de pertenencia a la Iglesia

Una tercera referencia es el sentido de pertenencia a la Iglesia. Sólo

dentro de la iglesia, dejándose poseer y hacer por la vida de fe y la vida interior de la iglesia, el miembro de vida consagrada llega a descubrir realmente a Cristo y puede actuar en su nombre. Sin duda, la experiencia más intensa capaz de afrontar el impacto de la fe es la de que también otros creen, la de que yo como creyente no soy el individuo, sino el miembro de una comunidad creyente. Esto nos evita quedarnos a la dura intemperie de un mundo cuyos criterios no son los de Dios, por eso Jesús nos recuerda que estamos en el mundo pero que no somos del mundo.

Sentíos orgullosos del amor de Dios que ha sido derramado en

vuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Es posible que

tengáis la sensación de que algunas ramas en que os apoyáis, crujen y esto

puede llevar a minar la confianza en el Señor. Dios es el podador que cortará

esas ramas para que surjan unas nuevas resistentes que florezcan y den fruto.

Es oportuno recordar la promesa de Cristo a quienes lo han dejado todo,

garantizando recibir ya aquí el ciento por uno y después la vida eterna que da

significado pleno a la muerte y por tanto ilumina la peregrinación en este

mundo (Cf. Mc 10,28-30). También los apóstoles en la travesía del lago tuvieron miedo. Y Pedro al sentir la fuerza del viento en medio del lago, gritará: "Señor, sálvame". Jesús le contestará: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?" (Mt14,30). Ciertamente siempre tenemos necesidad de que el Señor nos aumente la fe, una fe profesada y vivida para testimoniar a Cristo y anunciarlo al mundo.

Exhortación final

Queridos consagrados, habéis inscrito vuestros nombres en el

nombre de Dios y esto es la vida verdadera. Alegraos de vuestra llamada a la

Vida Consagrada que da sentido a vuestra vida. Seguid amando a nuestra

Iglesia diocesana, enriqueciéndola con vuestros carismas y ofreciéndole una

dimensión más universal. Os manifiesto mi agradecimiento, saludándoos con

todo afecto y bendiciéndoos en el Señor,

+Julián Barrio Barrio

Arzobispo de Santiago de Compostela

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Visto en ABC

Tracking