¿Qué puedo hacer frente a la crisis?

¿Qué puedo hacer frente a la crisis?

Agencia SIC

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Mons. Jaume Pujol En 1792 nació en una casa pequeña de una aldea francesa Juana Jugan. Hoy, por decisión de Juan Pablo II es una santa que venera toda la Iglesia, y que a nosotros nos resulta próxima por el bien que sus hijas espirituales hacen en la Archidiócesis, como en tantas otras de todo el mundo.

Cuando tenía 25 años dejó su casa y se fue a Saint-Servan. Era una ciudad llena de mendigos y personas ancianas que no tenían ni lo necesario. Mientras crecía en vida espiritual, para poder vivir se colocó de asistenta de varias familias que la solicitaban, para hacer la limpieza, la colada, cuidar enfermos…y vivió con otras dos mujeres con las que hacía vida en común de oración. A finales de 1839, un día especialmente frío, llevó a su casa, con permiso de las dos compañeras que tenía, a una anciana, Anne Chauvin, sola, ciega y sin recursos. Después acogieron a otra, y a otra…y así comenzó la fundación de las Hermanitas de los Pobres, que tanto han ayudado y ayudan a muchos miles de personas desde entonces.

He comenzado con este ejemplo la consideración que hoy me propongo desarrollar porque responde a la pregunta que quizá muchos nos hemos hecho: ¿qué puedo hacer frente a la crisis?

Puede haber muchas respuestas, pero todas tienen algo en común: ser solidarios con las personas necesitadas. Me dirijo sobre todo a quienes tienen medios, gozan de un trabajo y un cierto bienestar. Siguiendo el ejemplo de Juana Jugan y de muchas personas como ella, no debemos contentarnos con pensar: lo que yo pueda hacer es insignificante, no cabe ni considerarlo. Son las instituciones políticas las que pueden actuar con eficacia. Lo que yo pueda hacer no vale la pena.

La solidaridad no sólo está en dar dinero. A veces es tanto o más importante compartir las inquietudes, ofrecer consejos acertados, hacer gestiones útiles en favor del otro. En cualquier caso, escucharlo. La soledad es lo más doloroso en la desgracia, sea sobrevenida por una enfermedad o por un problema económico.

Los cristianos estamos llamados a compartir. En ocasiones podremos dar poco, (que es mucho) como aquella pobre viuda que echaba monedas en el templo de Jerusalén y que mereció la alabanza de Jesús. Otras veces serán mayores las posibilidades, como la del anfitrión que acogió a Cristo en su casa y le prometió dar la mitad de su fortuna a los pobres.

La crisis actual golpea a muchas familias, sobre todo con el paro. También aquí podemos mostrar nuestra solidaridad. Si no es ofreciendo un trabajo, cosa que está fuera de nuestras posibilidades, interesándonos por su situación, hacer que uno no se sienta solo en sus preocupaciones, compartir alegrías y tristezas.

No vemos en él a un parado, sino a un hermano. Y, además de poner los medios que estén a nuestro alcance para ayudarlo, rezamos por él y le tenemos presente en esta comunión de los santos tan propia del espíritu cristiano.

? Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado

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