¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. Braulio Rodríguez Os digo y me digo a mí mismo: "¿Cómo testimoniaremos la alegría que colma nuestro corazón por el amor de Cristo?" Si alguna vez hemos experimentado el amor a Jesucristo, hoy es cuando, al anunciarnos la Iglesia su resurrección, nuestro corazón exulta y ha de exclamar: "Me han traído esta buena noticia: Jesús, mi Dios, vive". Al escuchar semejante alegría, ¿ha recobrado el ánimo mi corazón, que tal vez está hundido en la pena y en el desánimo? Los cristianos nos deseamos la Feliz Pascua. La suave música de este gozoso mensaje tiene que reanimar a cuantos, por ser pecadores, estábamos hundidos en la muerte. Sin este mensaje no habría más salida que desesperar y enterrar en el olvido a aquellos que Jesús, saliendo de los infiernos, habría dejado en el abismo.
Hazte unas preguntas para comprobar que tu espíritu ha recobrado la vida en Cristo: "Si Jesús vive, ¿eso me basta? Si Él vive, ¿yo vivo en Él, mi vida depende de Él? ¿Él es mi vida, Él es mi todo? ¿Qué me puede faltar si Jesús vive? ¿Qué me importa que me falte lo demás, si sé que Jesús vive? De nuevo lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. El que es primicia de los muertos, sabemos que está resucitado; la muerte en Él no manda. Y da sus fieles parte en su victoria santa. Nada más grande que esto ha sucedido a la humanidad. Me ha sucedido a mí. Mi vida está orientada hacia a los demás; ya no vale quererse exclusivamente a sí mismo; gano cuando pierdo; me encuentro si no me busco a mí mismo; puedo morir, pero resucito en Él.
Los cristianos sabemos que Cristo está resucitado. Él está vivo, porque "ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua" (1 Cor 5,7). Este era el grito, la exclamación de san Pablo, un texto que apenas remonta a veinte años después den la muerte de Jesús. Esta es la conciencia de la novedad cristiana. El símbolo central de la Historia de la salvación ?el Cordero pascual- se identifica aquí con Jesús, llamado precisamente "nuestra Pascua". Quiero recordar un bello texto de san Agustín, que él dirigía a sus cristianos: "¡Venid, cantores buenos, hijos de la alabanza del Dios verdadero! Han llegado los días en que hemos de cantar el Aleluya". Hay en estas palabras un exultante júbilo pascual; recobran toda su lozanía cada vez que amanece el sol de la mañana de Pascua sobre el panorama cambiante de este mundo.
¿Puede realmente cantarse el aleluya sobre esta tierra, mantener hoy vivo el júbilo del aleluya, como hace ahora la Iglesia en el tiempo pascual? ¿Tiene cabida el aleluya en este mundo? Sin duda que el "cántico del Señor" se nos ha vuelto profundamente extraño. Pero es menester buscar de nuevo el alma del aleluya y reconquistarle al cántico del Señor el lugar que merece en la vida de los redimidos. Hemos experimentado, sin duda, desalientos, dudas, peligros y tristezas; hemos experimentado el mal, la enfermedad, tantas otras cosas. Pero es la audacia de la fe del que corre al lado de Cristo y con Él persevera para cantar con fuerza el aleluya; aunque seamos miembros débiles del fuerte vencedor de la Pascua. Cantar el Aleluya es introducirnos en la luz y lograr asir, ya en la carne, la orla de la eterna alegría. Feliz Pascua.
Arzobispo de Toledo
Primado de España





