La peregrinación a Lourdes en el Año Santo de Misericordia

Agencia SIC

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El paso por la Gruta ha estado marcado este año también por la Misericordia. Como Bernardita, nos hemos dejado llevar por la Virgen Maria a la fuente al fondo de la gruta y hemos acogido su invitación de entrar en el misterio de la vida de su Hijo. Porque no basta con descubrir la fuente -Cristo-; hay que beber y lavarse en ella: alimentarse con la Palabra de Dios y dejarse transformar por su presencia sacramental en la Reconciliación y la Eucaristía, que hemos celebrado de un modo especial en este Año Santo, para acoger y experimentar así la Misericordia de Dios, para sentirnos acogidos, amados, perdonados por Dios y dejarnos así transformar el corazón por su Misericordia; sólo así podemos ser misericordiosos como el Padre. En la Gruta, lugar del silencio y de oración, hemos podido dialogar con el Señor para descubrirnos bellos a los ojos de Dios, amables a los ojos de los demás.

Pasando por las piscinas y haciendo el gesto del agua, los peregrinos hemos expresado nuestro deseo de ser purificados por la gracia de Dios y, al mismo tiempo, hemos expresado nuestro deseo de hacer brotar de lo más profundo de nuestro corazón la caridad para comunicarla a los demás.

La peregrinación nos llama ahora a ser portadores de la misericordia que hemos experimentado estos intensos días y nos impulsa a vivir la misericordia para con los demás en las obras de misericordia corporales y espirituales, a abrir nuestro corazón a los enfermos, a los necesitados, a cuantos viven en las periferias existenciales.

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