El Papa Francisco a Europa: Cuidar la dignidad trascendente del hombre

El Papa Francisco a Europa: Cuidar la dignidad trascendente del hombre
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Mons. Carlos Escribano El pasado 25 de Noviembre, el Papa Francisco pronunció un importante discurso en la sede de Parlamento europeo. El último Papa que se dirigió a esta asamblea fue San Juan Pablo II, el 8 de octubre de 1988. El discurso del Papa Francisco versó sobre la dignidad trascendente de la persona. Hace un llamamiento a los parlamentarios europeos para que pongan su mirada en la persona. Les insta a recuperar una antropología adecuada que les permita desarrollar una política conforme a la misma. Al final se trata de tomar conciencia de que dependiendo del modelo de persona que definamos y propongamos, tendremos que construir una sociedad en consecuencia, tomando unas u otras medidas políticas que pueden plenificar al hombre o quebrarlo en su dignidad.
Cuando Francisco habla de dignidad trascendente conjuga dos elementos utilizando una figura elocuente y comprensible: "Uno de los más célebres frescos de Rafael que se encuentra en el Vaticano representa la Escuela de Atenas. En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, hacia el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la tierra, la realidad concreta. Me parece una imagen que describe bien a Europa en su historia, hecha de un permanente encuentro entre el cielo y la tierra, donde el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar las situaciones y los problemas. El futuro de Europa depende del redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos. Precisamente a partir de la necesidad de una apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento".
El Papa en su afirmación plantea una denuncia. Cerrarse a esa dignidad trascendente falsea lo que es la persona y tiene tristes consecuencias sociales: "así, hablar de la dignidad trascendente del hombre, significa apelarse a su naturaleza, a su innata capacidad de distinguir el bien del mal, a esa "brújula" inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado; significa sobre todo mirar al hombre no como un absoluto, sino como un ser relacional. Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno". Cuando no se atiende a la verdad del hombre, se genera, por desgracia, una sociedad que presenta algunos estilos de vida "un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica. El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que ? lamentablemente lo percibimos a menudo ?, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer".
La valiente llamada del Papa en el Parlamento de Estrasburgo, nos afecta a todos los europeos, particularmente a nuestros políticos. También a los católicos y a la acción evangelizadora de la Iglesia. El modelo de hombre que alcanza su plenitud en Cristo (cfr. GS 22) propone un modelo de persona conforme a la "dignidad trascendente" de la misma que defiende el Papa, y debe ser una tarea a seguir descubriendo para poder anunciarla al mundo con esperanza.
+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín





