Nueva Jornada Mundial de la Juventud
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Mons. Ángel Rubio El Papa Francisco ha decidido que la próxima etapa de la peregrinación intercontinental de los jóvenes que tendrá lugar en el año 2016 sea en Cracovia (Polonia). Para acompañar ese camino durante los próximos tres años, deseo ?tal y como invita el Papa? reflexionar con los jóvenes sobre las Bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de San Mateo (5,1-12).
Este año comenzaremos meditando la primera de ellas: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,3); el año 2015: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8); y por último, en el año 2016 el tema será: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).
Siempre nos hace bien leer y meditar las Bienaventuranzas. Jesús las proclamó en su primera gran predicación, a orillas del lago de Galilea. Había un gentío tan grande, que subió a un monte para enseñar a sus discípulos; por eso, esa predicación se llama el "sermón de la montaña".
En la Biblia, el monte es el lugar donde Dios se revela, y Jesús, predicando desde el monte, se presenta como maestro divino, como un nuevo Moisés. Y ¿qué enseña? Jesús enseña el camino de la vida, el camino que Él mismo recorre, es más, que Él mismo es, y lo propone como camino para la verdadera felicidad.
En toda su vida, desde el nacimiento en la gruta de Belén hasta la muerte en la cruz y la resurrección, Jesús encarnó las Bienaventuranzas. Todas las promesas del Reino de Dios se han cumplido en Él.
Al proclamar las Bienaventuranzas, afirma el Papa, Jesús nos invita a seguirle, a recorrer con Él el camino del amor, el único que lleva a la vida eterna. No es un camino fácil, pero el Señor nos asegura su gracia y nunca nos deja solos. Pobreza, aflicciones, humillaciones, lucha por la justicia, cansancios en la conversión cotidiana, dificultades para vivir la llamada a la santidad, persecuciones y otros muchos desafíos están presentes en nuestra vida. Pero, si abrimos la puerta a Jesús, si dejamos que Él esté en nuestra vida, si compartimos con Él las alegrías y los sufrimientos, experimentaremos una paz y una alegría que sólo Dios, amor infinito, puede dar.
Las Bienaventuranzas de Jesús ?insiste el Papa Francisco? son portadoras de una novedad revolucionaria, de un modelo de felicidad opuesto al que habitualmente nos comunican los medios de comunicación, la opinión dominante. Para la mentalidad mundana es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros, que haya muerto en una cruz.
En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados "perdedores", débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.
El Evangelio de Cristo declara felices a los pobres de espíritu porque a ellos pertenece el Reino de los cielos. El hombre busca la felicidad como el beduino busca agua en el desierto calcinado. Cristo en las bienaventuranzas promete la felicidad, la tendrán los pobres, los que lloran, los perseguidos, los mansos…
En las densas expresiones que utiliza Jesús, la felicidad se promete pero no se demuestra. Son fórmulas que llevan en su misma grandeza la prueba de su autenticidad, porque el Reino de Dios se parece a un poco de levadura que en silencio va fermentando la masa. O a un grano de trigo que todo lo contiene en germen y se amplia y se desborda desde dentro como una inmensa y cálida bendición encendida.
El Papa pide humildemente a los jóvenes, que se mantengan fieles, que se alimenten de la palabra de Dios, que no se "atiborren" de otras cosas, que se atrevan a ir contracorriente, que busquen la verdadera felicidad, que digan no a la cultura de lo provisional, de la superficialidad y del usar y tirar, que sepan asumir responsabilidades y afrontar los grandes desafíos de la vida.
+ Ángel Rubio Castro
Obispo de Segovia





